Coronavirus en Perú: Lecciones de una tragedia anunciada

La mañana del día 23 de agosto, los peruanos amanecieron con la trágica noticia del deceso de 13 personas que asistieron a una discoteca producto de una intervención policial. Ellos fallecieron asfixiados al tratar de escapar de la redada al encontrar la puerta cerrada de este local clandestino, ubicado en el distrito de Los Olivos en Lima, donde se celebraba una fiesta a pesar de las prohibiciones por el estado de emergencia nacional que vive el Perú.

Un lamentable suceso que nunca debió ocurrir porque este local estaba autorizado para un taller textil y de calzado. Entonces, ¿Qué hacía una discoteca funcionando alli?. Pero eso no es todo. Luego de las pruebas a las personas que fueron destinadas para detectar el Covid-19, 15 de ellas dieron positivo. Ante esta situación de gravedad sanitaria que se refleja en otros eventos clandestinos en Lima, el Gobierno ha anunciado medidas más severas para evitar más contagios y situaciones tan lamentables como en “Thomas, Restobar”.

Lamentablemente, el Perú se ha convertido en el segundo país del mundo con la mayor tasa de mortalidad del mundo al sumar 63,000 fallecidos y con más de 600 mil contagios.  ¿Por qué se ha llegado a esta situación sanitaria? En el caso de Perú, los casos se multiplican como una bola de nieve a pesar que su gobierno del Presidente Vizcarra fue uno de los primeros en decretar la cuarentena en marzo y tomar varias medidas para evitar la propagación del virus.

Los expertos señalan que se deben a factores económicos y sociales que influyeron en la propagación de la pandemia, sumado al ineficiente sistema de salud y una sociedad sin voluntad de cumplir la cuarentena. Aquí está la clave: existe un gran problema cultural que se nota en la falta de respeto a las normas y protocolos sanitarios y el desdén hacia las autoridades. Se trata de la “cultura de la informalidad”, bien arraigada en la sociedad peruana y que a pesar de seguir todas las recomendaciones de la OMS, el Perú hasta el momento no ha podido frenar el avance letal del virus.

Se trata de una cuestión estructural de una sociedad que no se aisla sino que trata de sobrevivir como puede de manera informal: siete de cada diez empleos son ambulantes y el 40% de trabajadores son independientes. Precisamente, este sector no tuvo acceso a un sistema de medición epidemiológico exitoso ni a una adecuada campaña de concientización sanitaria. La joven madre de dos niñas, vendedora ambulante, víctima de la tragedia, es la muestra de esta cruda realidad que vive la sociedad peruana.

Fuente:

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