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Fuerza Naval de EEUU Detecta Misterioso Submarino

Presunto submarino "ruso"

Escrito por Lewis Mejía

Un submarino desconocido, la fuerza naval de los Estados Unidos buscando detectarlo, y una historia real que tuvo lugar a pocas millas de la costa de Florida.

La alerta había sonado y, rápidamente, los tripulantes del avión de patrulla marítima Boeing P-8A Poseidon, del Patrol Squadron 30 (VP-30) de la US Navy se prepararon para despegar rumbo a una misión de guerra.

Luego de recorrer la larga pista de concreto del Naval Air Station Jacksonville, en el estado de Florida, esta aeronave alzó vuelo junto a sus capacidades de lanzar torpedos, cargas de profundidad, misiles y sonoboyas.

Habían llegado noticias preocupantes sobre la presencia de un sumergible no identificado merodeando aguas al norte de Mayport, acaso al acecho del portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y su Grupo de Batalla.

Entonces, había que ubicar la amenaza antes de que pudiera atacar, y para ello se desplegaron los medios defensivos de este gigantesco buque de propulsión nuclear clase Nimitz, líder del Grupo de Ataque de Portaaviones 10.

Eso significó poner en marcha a su “ala aérea” embarcada con unos 70 aviones, a los que se sumaron tres destructores de la clase Arleigh Burke, un crucero de la clase Ticonderoga y un submarino atómico.

Todo lo anterior, que parece una página arrancada de una novela de espionaje del escritor Tom Clancy, es verdad, ocurrió en el Atlántico a principios del 2022, y probablemente vuelva a ocurrir a fines de este año.

El 33

El “Pisagua”, uno de los seis ejemplares tipo U-209 fabricados por Alemania Federal para la Fuerza de Submarinos de la Marina de Guerra del Perú (MGP), estuvo involucrado en estos hechos.

Pero sus intenciones no fueron letales, al contrario, había zarpado del puerto del Callao en el Pacífico Sur rumbo a la costa atlántica de los Estados Unidos, para asistir como invitado al Despliegue Operacional Submarine Diesel Exercises (SUBDIEX).

Se trata de un extenuante ejercicio de guerra antisubmarina y antisuperficie, que se lleva a cabo una vez al año con la Flota del Atlántico del US Navy, como parte del Diesel Electric Submarine Iniciative (DESI).

La participación en estos juegos de guerra que datan del año 2002 significa enfrentar a la Marina más poderosa del mundo, asumiendo altos niveles de destrezas y excelencia.

En esta ocasión, el “Pisagua” (SS-33) simuló ser un submarino tipo Kilo de fabricación rusa, tratando de atacar y evitar su detección por la avanzada de aviones y helicópteros que limpian la ruta de la flota principal americana.

Las lecciones obtenidas por ambos bandos son de mucho valor: por la parte estadounidense, entrenarse frente a un enemigo difícil de detectar; y para los peruanos, medirse con una super potencia internacional.

Conociendo al “enemigo”

Por qué el Perú siempre participa, a pesar de que hay otros países que también cuentan con submarino en la región, como Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina y Brasil.

Pues porque tiene la fuerza de submarinos más antigua de Latinoamérica, con experiencia en cuatro conflictos reales, y porque el entrenamiento de las tripulaciones es de lo mejor.

Efectivamente, el recurso humano es graduado en la Escuela de Submarinos ubicada en la base naval del Callao, donde se forjan tras dos años de estudios y muchas navegaciones.

A eso se suman los programas de intercambio con Argentina, Brasil y otros países de tradición submarinista, y los estudios de posgrado en el International Submarine Training Center de Eckernförde (Mar Báltico), Alemania.

Otro factor es que dispone de seis submarinos alemanes U-209, lo que significa tener el componente más numeroso de buques de este tipo en el Pacífico sudamericano.

Hoy, cuatro unidades están en operatividad, mientras las otras dos superan un proceso de modernización tecnológica en astilleros locales con asesoría del fabricante, lo que ampliará sus vidas por 15 años más.

Por Dentro

Los submarinos convencionales como el U-209 son de un acero especial, pequeños y estrechos, con sus algo más de 55 metros de largo y 6 metros de ancho y siempre pintados en color negro mate.

Durante los primeros días no huele a nada, pero con el paso del tiempo -la autonomía es de más de un mes- el ambiente se carga con olores procedentes de la cocina y otros lugares más. ¡Ducharse no es una prioridad!

La nave tiene 6 tubos para lanzar torpedos, cuatro motores diésel que permiten la carga de 480 baterías, cada una casi del tamaño de una refrigeradora, encargadas de alimentar a un enorme motor eléctrico.

La tripulación promedio es de alrededor de 30 oficiales y suboficiales, los mismos que se turnan para trabajar y descansar, pues hay camas para solamente la mitad.

El único tripulante con dormitorio propio es el comandante: una cama muy estrecha, una mesita, un librero, un lavadero de manos y un roperito, todo ello dentro del espacio menor al del habitáculo de un sedán.

Un solo cocinero se encarga de preparar delicias en la compacta cocina, que tiene hornillas eléctricas y diversos cubículos donde guardar las carnes, los vegetales y los víveres secos.

Existen dos espacios para tomar alimentos: la cámara, casi del tamaño de un kiosco de periódicos donde con las justas pueden sentarse 5 oficiales, más un invitado -también se come por turnos-.

Y una pequeña mesa de acero plegable a proa -adelante del buque-, en la salita de torpedos, para los suboficiales especialistas en ingeniería, electricidad, electrónica, comunicaciones, navegación, armas y logística.

Alta tecnología

Dentro de un submarino nadie grita, todos saben bien qué hacer; las órdenes que dicta el comandante son repetidas por el segundo comandante, y por el tripulante que deje ejecutarlas.

Arriba, en la angosta torreta llamada vela, los vigías otean el horizonte con unos binoculares, y se comunican con la sala de comando a través de un teléfono interno.

Abajo, se toma nota de todo, se planifica la ruta en las cartas de navegación ubicadas sobre una mesa de ploteo junto a varias pantallas de computadora, y se dictan las indicaciones del caso para seguir con la misión.

Hasta que llega el momento de sumergirse, el que es anunciado por una sirena de sonido muy particular, previo a lo cual el buque se inclina y hay que agarrarse de donde se pueda.

A través del periscopio electrónico de varios aumentos, que filma y toma fotos a color en alta resolución y dispone de visión nocturna, es posible ver qué está pasando en los alrededores.

Tres pasos más allá está el sector de control del sistema de armas, incluyendo el radar, el sonar y los monitores que grafican a todo color las diversas acciones, desde centrar un blanco y lanzarle los torpedos.

En unas semanas más el pequeño “Pisagua” que navega a baterías volverá a zarpar para Jacksonville vía el canal de Panamá, y se hará invisible e inaudible al entrar al mar Caribe.

Habrá comenzado una nueva misión de guerra submarina que, durante varios días, mantendrá con los nervios de punta y los sentidos atentos a los marinos de los buques más poderosos del mundo frente a Florida.

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