Dreamers: Soñadores sin miedo y con derechos

Los Dreamers, aquellos jóvenes inmigrantes indocumentados que llegaron a Estados Unidos de niños, pero que vencieron el miedo y superaron un sinfín de obstáculos legales en la lucha por un sueño, ahora tienen la vía para obtener la ciudadanía estadounidense.

La aprobación de la  Cámara de Representantes del proyecto de ley llamado American Dream and Promise Act de 2021 les abre ese camino legal hacia la ciudadanía para los soñadores que recibieron protecciones temporales bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (Daca).

Este proyecto beneficiaría otorgaría estatus legal condicional por 10 años a muchos inmigrantes de hasta 18 años que fueron traídos ilegalmente a los Estados Unidos antes de este año.

En todo caso,  los “soñadores” tendrían que graduarse de la escuela secundaria o tener credenciales educativas equivalentes, no tener antecedentes penales graves y cumplir con otras condiciones.

Y para  obtener la residencia legal permanente con la tarjeta verde, tendrían que obtener un título de educación superior, servir en el ejército o estar empleados durante al menos tres años. Como todos los demás con tarjetas de residencia, podrían solicitar la ciudadanía después de cinco años.

Estas medidas aprobadas en el Congreso forman parte de los esfuerzos del presidente  Joe Biden con su plan de reforma migratoria para contener el aumento de las llegadas de migrantes indocumentados a la frontera de EEUU con México.

Se calcula que hay  cerca de dos  millones de jóvenes “dreamers” que ingresaron al país cuando eran niños, y que hoy tienen entre 25 a 30 años de edad, principalmente de países, como México, Honduras, Guatemala y El Salvador.

Crecer en la sombra

La historia de miles de jóvenes soñadores que llegaron a Estados Unidos en la infancia parecen haber sido cortados con una misma tijera: crecieron en familias con estatus mixto donde convivieron padres e hijos con diferente situación legal, pero que recibieron prestaciones sociales —como ayudas económicas— y sanitarias y otros no al no tener documentos.

A pesar de ello, sus padres no se atrevieron a solicitar servicios públicos para sus hijos  por miedo a que sean deportados. Precisamente, en su adolescencia, cuando dejaron la preparatoria para proseguir su camino en el mundo académico o laboral, fue el periodo más crítico en la vida de un soñador.

Fue en ese momento en que ellos comenzaron a tomar conciencia real de lo que implicaba su estatus , cuando por ejemplo,  tuvieron que enviar solicitudes a universidades o empresas, lo que en ocasiones fue un impacto emocional muy difícil de superar.

De manera repentina, se toparon con la cruda realidad de haber crecido bajo la sombra tratando de no llamar la atención por miedo a ser deportados del único país que verdaderamente conocieron.

Pero los Dreamers respondieron saliendo a las calles en marchas multitudinarias y protestas cívicas a lo largo y ancho de Estados Unidos ganándose el respeto y admiración de la sociedad estadounidense. Actualmente son un elemento central del debate migratorio en Estados Unidos consiguiendo la aprobación de dicho proyecto para convertirse en ciudadanos.

Estados Unidos no puede traicionar a su historia: es un gran país forjado por inmigrantes, como los “Dreamers”, que crecieron y se educaron bajo la creencia de que todo era posible en la tierra del sueño americano. Hoy  son los herederos de otros movimientos civiles que en el siglo 20 consiguieron también derribar muros que parecían impenetrables.

Testimonio

Vanessa Rodríguez. Estudiante de primer año en la Universidad de Texas, en Austin

“Mi nombre es Vanessa Rodríguez y se refieren a mí como dreamer indocumentada. Indocumentada porque nací al sur de la frontera de Estados Unidos y soñadora porque ese fue el apellido que mis padres me dieron cuando arriesgaron sus almas para darme un futuro mejor

He vivido doce años en Texas y durante ese tiempo no he conocido otro hogar. Mi padre trabaja en la construcción y mi madre, como mucama. Su trabajo arduo y sus humildes ocupaciones le han dado a mi familia una oportunidad para hacer más y soñar con mejores cosas: gracias a ello pude obtener la mención honorífica de mi generación y el premio a héroes estudiantiles del gobierno estatal.

Sin embargo, el trabajo de mis padres solo me dio la oportunidad de soñar, no de lograr algo. Únicamente el gobierno podría darme eso. Así que durante años viví con un sentimiento de miedo e incertidumbre. Los dreamers como yo hemos guardado nuestros sueños bajo llave en una caja llamada “Limitaciones”.

Cuando llegó el DACA las cosas cambiaron para nosotros. Nos permitió aspirar a más y lograr más. Para mí, significó una oportunidad de seguir con mis estudios universitarios, obtener un empleo y adquirir una seguridad temporal. Lo que hizo un éxito de mi sueño fue ese año de seguridad, de saber que no me deportarían. Estaba libre del miedo a ser deportada y eso me permitió tener seguridad en cuanto a mis habilidades.

Hace unas semanas terminé el primer semestre en la Universidad de Texas en Austin y, aunque era estudiante de tiempo completo con dos empleos de medio tiempo, logré obtener un promedio sobresaliente. El DACA ha hecho que todos estos logros sean posibles y ha sido la diferencia entre simplemente existir y vivir un sueño.

Fuente:

Theguardian.com

Nytimes.com

Related Post