A un año de la muerte de Floyd: el racismo sistémico

Este 25 de mayo se cumple un año de la muerte de George Floyd durante un arresto policial en Minneapolis que, sumado a otros casos de violencia policial contra afroamericanos, provocó manifestaciones pacíficas y también violentas contra la brutalidad policial y racismo en todo el país.

Lo cierto es que el asesinato de Floyd pone en evidencia que el racismo es históricamente constitutivo en la sociedad estadounidense, que es estructural y que se impregna en todas sus instituciones y se reproduce a través de ellas.

Precisamente, a través de los años, el racismo es visto como una ideología que señala que los seres humanos son clasificables en razas. Es decir, algunas superiores a otras inferiores. Pero, el racismo no es una anomalía del sistema dominante, sino un principio organizador del mismo. No solamente constituye una suma de sucesos violentos, sino de una concreta manifestación del poder y opresión de un grupo social privilegiado sobre otros.

Por eso se dice que el racismo tiene un carácter sistémico, y, aunque no es el único existente sistema de dominación, sí es el único que se basa en un mecanismo de inferiorización del otro por la diferenciación de razas.

Lamentablemente, el racismo está tan naturalizado en muchas sociedades que este concepto se limitan a hechos que suceden en Estados Unidos o Europa, pero que también es evidente en América Latina donde los problemas de discriminación no afectan solamente a las personas y comunidades de pueblos indígenas y afrodescendientes, sino que la discriminación también se enfoca a personas que viven en situaciones socio-económicas muy desventajosas y que son calificados como “pobres”.

A ello se suman otras graves formas de discriminación y violencia interpersonal que afectan especialmente a mujeres, y personas con discapacidad, o con identidades de género u orientación sexual diversas. Igualmente, esta discriminación no se limitan a actos violentos, sino que también afectan las oportunidades de empleo, estudio y acceso a vivienda.

En caso de Estados Unidos, lo que debe reformarse  o empezar al menos, es reconocer que los gobiernos han sido incapaces de cerrar las heridas de más de 150 años que llevaron a la abolición de la esclavitud y de nunca reconocer a los otros como parte de la sociedad. Se sigue viviendo en un país donde “somos iguales, pero estamos separados”.

Todas estas desigualdades provocaron que el actual movimiento antirracista, a diferencia del movimiento del Black Lives Matter, creado también a raíz de la brutalidad policial, tenga el respaldo de otros grupos étnicos que compone el país: latinos, asiáticos y blancos motivados por la falta de respuestas del gobierno federal para reducir  el problema.

No obstante, la muerte de Floyd ha generado algunos cambios, al menos por el momento, entre los estadounidenses blancos no republicanos al tomar conciencia sobre la desigualdad racial y su apoyo a algunas reformas.

Fuente:

iesalc.unesco.org

dplfblog.com

nytimes.com

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