Venezuela: La Agonía de una Dictadura Moderna

Escribe Ligia Suárez

¿Podrían ser los últimos momentos?

Las esperanzas de sacarse de encima el yugo de miseria proveniente de la administración de Nicolás Maduro y de su maquinaria gubernamental destinadas a dar legalidad a sus caprichos y a su ineficacia, están resurgiendo con fuerzas en Venezuela. Ese nuevo destello sobre su panorama sombrío, tiene nombre y apellido: Juan Guaidó.

El joven abogado y político de la oposición de 35 años de edad se ha convertido en la fuente de ignición para el resurgimiento de antiguos fuegos de combate para derrocar al dictador. Guaidó, un diputado, casi inadvertido de la Asamblea Nacional de su país, de la noche a la mañana se vio parado en medio de una hostil escena política venezolana para arrebatarle el puesto a Maduro bajo las miradas estupefactas de todo el mundo.

Su genuina audacia y su fuerte convicción por los derechos de su pueblo, lo impulsaron a que se autoproclamara presidente “encargado” de Venezuela el 23 de enero del 2019, dispuesto a asumir las consecuencias de desafiar la ira del dictador para regresar a su país a la constitucionalidad y reconstrucción general.

La suerte le está sonriendo a Guaidó. Mandatarios de países de la Comunidad Europea, los Estados Unidos, y países latinoamericanos con excepción de aquellos adictos a los envanecimientos dictatoriales en el mundo, han visto con buenos ojos su aplomo y le han dado su apoyo reconociéndolo como presidente interino de Venezuela en vías de sepultar rápidamente el gobierno ilegítimo de Maduro.

A pesar de que, al comienzo, Guaidó no se encontraba entre los favoritos con posibilidad de ocupar el puesto de presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, de un momento a otro se vio primero en la línea y no porque él se haya saltado el orden, sino que, de alguna forma, Maduro inhabilitó a los principales líderes del partido “Voluntad Popular”, que iban primero que él para que no le hicieran sombra.

Guaidó ha demostrado ser una piedra bien grande en el zapato de Maduro, y esa repentina y titánica responsabilidad que le cayó prácticamente del cielo, no le ha quedado grande. Desde sus años mozos en la Universidad Católica Andrés Bello, ya se venía preparando como representante estudiantil, y uno muy difícil de amedrentar.

El fraude orquestado en las últimas elecciones presidenciales de mayo del 2018 fue la gota que rebalsó el vaso de agua de tolerancia de una Venezuela que ya no tenía nada que perder. La presidenta de la Oficina Nacional de Elecciones declaró a Maduro ganador a pesar de la lluvia de denuncias de fraude y de irregularidades en el cumplimiento de la ley debido a la creciente abstinencia de votantes en esa contienda electoral que según Reuters “al cierre de los colegios electorales, a las seis de la tarde, se situaba en el 32,3%”. Mientras tanto, el gobierno declaraba que los votantes que acudieron a las urnas alcanzó el 46%.

Para muchos venezolanos presos, en el asilo y los que aún tratan de mantenerse dignamente en su país aguantado la pesada y asfixiante mano de la miseria, la violencia y la corrupción, Maduro es un usurpador del poder en su país; y parecen no estar dispuestos a esperar hasta el 2025 para que se incruste más en el poder en una cadena de reelecciones ilegales, y a la que a nadie le cabe duda de que llevarán un sello de fraude y burla en cada uno de sus resultados.

A pesar de que Maduro aún mantiene el apoyo de una parte de las fuerzas armadas, la policía y de otros grupos subrepticios a sueldo para sembrar el pánico dentro de su propio pueblo, Guaidó deberá hacer gala de su predisposición al diálogo para convencerlos de que deben dar la espalda al dictador y sumarse a la causa justa de la reconstrucción de Venezuela y elecciones libres. Para ello, les ha ofrecido una amnistía.

Lo cual podría estar dando resultados casi inmediatos. En un video que ha circulado por las redes sociales desde el sábado 2 de febrero, aparece Francisco Yáñez, general de la fuerza aérea venezolana exhortando a los militares a que desconozcan a Maduro. Además, Yáñez reconoció a Juan Guaidó como jefe interino del estado.

Los ojos y los oídos de todo el mundo están puestos en este país sudamericano. Todos quieren ser parte o testigos de la victoria de la mano de Guaidó para quitarse de encima ese lastre dictatorial llamado Maduro que ha empobrecido a Venezuela, la ha humillado, y lo peor de todo, ha desplazado a sus ciudadanos lejos de sus hogares y de sus familias en la búsqueda de un lugar mejor donde vivir.

 

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