Una Inocente Historia de Misterio. Descarga Gratis el Libro por Amazon

3.- El Mito

Autor: Ligia Suarez

 El viejo brujo Dull escondía sus extrañas zapatillas de colores con suelas de metal y sin pasadores de las miradas curiosas entre grandes rocas cubiertas por oscuros musgos verdosos, y que formaban una pequeña hendidura en la Vieja Bahía de Barranco, en el lado donde las rocas se habían vuelto peligrosas.

Los afilados acantilados eran rodeados por las enfurecidas olas que, al estrellarse contra ellos, levantaban gigantescas espumas amarillentas que de noche parecían las sombras de apocalípticos monstruos saliendo del fondo del mar. Mientras que él se sumergía placenteramente y sin apuro en las aguas tibias tomando la forma de la especie marina que se le antojara con la condición de que nunca debía ser igual a otras que ya existieran. Él era único y auténtico, desafiando su propia imaginación.

Hasta que un día, unos jóvenes traviesos que lo seguían desde hace algún tiempo, intrigados por su sospechosa y encorvada apariencia de malvado hechicero, decidieron hacerle una broma. Tomaron una de sus zapatillas que reposaban sobre la roca más altas del acantilado, y la arrojaron al océano.

Era una cruel diversión que sólo se le podría atribuir a una inmadura mentalidad, y el inocente Dull sería quien sufriría las terribles consecuencias de esta acción de vandalismo que afectarían sus habilidades de supervivencia.

Una vez que salió del mar, el pobre Dull halló solo una de sus valiosas pertenencias; él sabía que no podría recuperar su forma humana si es no se colocaba el par completo de las zapatillas de un solo brinco. Pero, también sabía que debía intentarlo todo.

Por el momento, lo único que lo ayudaba a movilizarse a duras penas por los inhóspitos arrecifes eran sus diminutos pies humanos, que eran dos protuberancias con dedos enanos que se desprendían libremente a sus costados. También tenía una majestuosa y útil cola peluda con forma de gancho. Eran las marcas indelebles que lo describía como un forastero errante de otros mundos, y también, era lo único que no podía cambiar de sus increíbles y habilidosas transformaciones marinas.

Así que, recogiendo la única zapatilla que le quedaba, ayudado por su ganchuda cola, la insólita criatura que se asemejaba a lo que pudiera ser un alacrán prehistórico marino de ojos luminosos como esmeraldas bien pulidas, y de iridiscentes escamas que lo cubrían como especie de túnica real de oro rojizo, se ocultó entre las rocas en busca de refugio.

Cuando se sintió a salvo, se tumbó a descansar sobre una enorme piedra oscura que parecía atormentada a diario por aquellos monstruos míticos de espuma amarillenta con aliento salado. Era la única que le daba una mustia bienvenida a lo que sería su nuevo hogar durante muchos años sin que él mismo pudiera presagiarlo.

Luego de descansar un poco trató de colocarse con mucha dificultad la única zapatilla de colores con suela de metal y sin pasadores que le quedaba, dando brinquitos cómicos en el aire, y otros en falsos que lo tumbaban dolorosamente sobre el suelo rocoso tratando de meter ambos pies, hasta que por desgracia lo logró. Mejor hubiera sido arrojarla al océano junto con la otra zapatilla pérdida. De aquella desesperada estrategia malabárica, nada bueno podría resultar. Ya era tarde para arrepentimientos. El encantamiento estaba hecho. Al no poder recuperar su forma humana, tampoco pudo conservar su exótica y bienhechora apariencia marina anterior.

El pobre desgraciado se convirtió en un ser maltrecho de dos especies irreconciliables, humana y arácnido, peleando por sobrevivir dentro de una zapatilla, la que además se convertiría en su hogar.

Su cuerpo era de una fealdad absoluta y aterradora. Con suerte pudo recuperar la visión de uno de sus ojos, su hocico era demasiado prominente para su corto tamaño, pero lo suficientemente útil como para alimentarse y hacer horribles sonidos de ultratumba que le serviría para espantar a los depredadores. Las olas del mar se convirtieron en su principal proveedor y protector; en cada visita le traían pequeños crustáceos y algas que se convirtieron en sus infaltables alimentos. Viéndose en tal terrible situación, Dull hizo una promesa:

– “Aquel que me rescate y encuentre mi vieja zapatilla de colores con suela de metal y sin pasadores, le concederé un deseo imposible de hacer realidad.” Descargar la historia completa GRATIS.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s