Lima en Peligro de una Hecatombe

Fuente: Diario Uno

Depósitos de relaves tóxicos de Tamboraque pueden colapsar en cualquier momento y caer sobre el río Rímac si las lluvias llegan a desestabilizarlos. Sería el mayor huaico de la historia, afirma ingeniero Óscar Cáceres, experto en la materia.

Arturo Cruz

El ingeniero Óscar Cáceres López es un sobreviviente del aluvión del 13 de diciembre de 1941 en Huaraz, cuando una masa de lodo de 50 metros de altura y 200 metros de largo borró media capital de Ancash, causando 7,500 muertos. Hoy es un experto en la materia y fue uno de los técnicos convocados a comienzos de marzo por la congresista Marisa Glave para examinar el grave problema de los relaves de Tamboraque.

Con esos recuerdos de niño y sus conocimientos profesionales, nos dice: “Ya vemos hoy las colas de gente que esperan recibir unos litros de agua de los camiones cisterna. ¿Cómo sería si en lugar del racionamiento de agua potable se tuviera que soportar en Lima una escasez total, realmente total, de dos o tres meses? Esa amenaza es tan real como los múltiples huaicos que vienen ocurriendo, porque los enormes depósitos de relaves mineros de Tamboraque, a 93 kilómetros al este de Lima, remojados por las intensas lluvias pueden deslizarse en cualquier momento sobre el lecho del río Rímac y bajar hacia Lima como un gigantesco aluvión.”

Esta avalancha gigante de 400 millones de metros cúbicos de lodo y rocas, señala el ingeniero Cáceres, alcanzaría 100 metros de altura en los tramos estrechos del valle y unos 50 metros en los más anchos; sería el más grande de la historia.

Esta situación se ha denunciado varias veces en los últimos 30 años, las instituciones y los funcionarios se tiran la pelota, pero hasta ahora no se ha movido ni un gramo de esas materias tóxicas.

Al producirse el deslizamiento a causa de lluvias o de un fuerte sismo, explica el especialista, se produciría allí un embalse que luego desfogaría y bajaría por todo el valle destruyendo 200 metros en ambas riberas, incluso La Atarjea, dejando a Lima sin agua potable por tiempo indefinido. ¿Se espera primero la tragedia para actuar después?

LO QUE PODRÍA PASAR
Una avalancha como nunca se ha visto en el Perú se deslizaría sobre Lima desde Tamboraque, un punto en el río Rímac, a 93 kilómetros al este de la capital, causando una mortandad inimaginable. Pero además de la cifra altísima de muertos, quedaría Lima sin agua potable.

Por lo pronto, ya en la situación actual los relaves de Tamboraque están contaminando las aguas del río Rímac, cosa que todavía no se percibe precisamente por la ocurrencia de huaicos e inundaciones que atraen la atención mediática. Pero las filtraciones de los relaves ya están en las aguas que bajan por el lecho del Río Hablador.

Narrando una pesadilla, el ingeniero Óscar Cáceres López, asesor del Comité Nacional de Salud Ambiental del Consejo Nacional de Salud, alertó a los concurrentes a una mesa redonda que organizó recientemente la congresista Marisa Glave, Su relato de un desastre no deseado para Lima, es el siguiente:

Si se produjera un sismo de grado siete en Lima o una intensa y reiterada lluvia, se vendrían abajo la cuarta parte de los edificios de la ciudad. En los minutos siguientes, mientras los asustados pobladores estuvieran tratando de reponerse y rescatar los cuerpos de sus muertos y sus heridos, la continuación de la tragedia se estaría gestando en las alturas.

LA AMENAZA
En Tamboraque, el sismo habría producido el desplazamiento de voluminosos relaves mineros que están aparentemente cuajados sobre las faldas arcillosas de un cerro que también resbalaría hacia el río. De esa manera se formaría un gigantesco embalse.

Con la confusión de esas horas, las autoridades del gobierno central no tendrían conocimiento del embalse. Y aun sabiéndolo, tendrían que repartir su atención, entre las crecientes necesidades de salud, defensa civil y de ayuda humanitaria. Seis horas después, como el río seguiría corriendo desde las alturas hasta Tamboraque, el agua se acumularía hasta el borde mismo de la presa natural..

De pronto, como si se rajara la tierra, la pared oeste del embalse que mira a Lima, se abriría vertiendo en el lecho del río más de 400 millones de metros cúbicos de aguas y lodos tóxicos, un volumen mucho mayor que el del reservorio de Tinajones, que pugnaría por ir río abajo, hacia el mar.

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