En la Tragedia También se Encuentra el Amor en la Mediana Edad

“Puedes empezar por la mañana a escribir tu propio cuento de hadas con soberbia prosa usando pluma de oro y tinta roja, y terminar al atardecer escribiendo la historia más triste de tu vida. No subestimes el coraje de tu corazón en una hermosa caída del sol; cuando la juventud parece abandonarte es porque la sensualidad empieza a ocupar su lugar”.

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La Buena Semilla

El amor es como la buena semilla, siempre va a ser prometedora, saludable y con ganas de crecer aunque no muchas veces puedan nacer las flores más hermosas, perfectas y olorosas de ella. Todo dependerá de la tierra donde le toque caer. Lamentablemente, eso no se puede escoger. De todo lo que podemos elegir, sólo el corazón de una persona no nos pertenece si es que no tenemos su permiso de brotar en él.

¿Mala suerte? La suerte no existe, pienso que todos los hechos están predestinados a que sucedan. El amor siempre será sagrado y no es culpa de la semilla estar condenada a florecer si cae en tierras fértiles pero ajenas o prohibidas. En esa constante lucha por la supervivencia, se puede ser feliz.

La poca experiencia en el campo del amor nos excusa de errores cometidos en el pasado. Pero, ¿qué pasa cuando ya no somos tan jóvenes y estamos tentadas a patear la misma piedra que una vez nos lastimó en pie? Enamorarse podría sonar un deporte muy peligroso.

El amor es energía que fluye libremente y jamás tendrá un final si es que tuvo un súbito comienzo en el corazón de alguien, quien le prodigó cuidados aun sabiendo que al crecer podría asfixiarlo. El amor no es egoísta y cuando somos conscientes de eso, paramos de sufrir liberando nuestros sentimientos reprimidos para que alivien sus propias heridas.

El amor no se parece en nada a lo que se narra en los cuentos de hadas que distorsionan y manipulan su genuina autenticidad de ser. En realidad, esos idilios de fantasía tienen un desenlace predecible y maravilloso, difícil de creer pero que ilusionan a los niños y a los incautos; mientras que las verdaderas historias de amor no tienen un final exacto. Hasta en un “adiós” se puede reconocer el verdadero amor.

El amor no es un tesoro que hay que salir a buscarlo antes de que otros lo encuentren. Tampoco es sentarnos a ignorar que existe porque está inherente en el ser humano, y todos lo deseamos encontrar instintivamente. Lo cierto es que nadie se va de este mundo sin haber amado o haber sido amado aunque no haya sido como nosotros hubiéramos esperado.

El amor y la muerte son una pareja dispareja impredecible en su llegada y en su partida; forzarlos a que ocurran sería autodestruirnos en ambas direcciones y no podemos esperar encontrar el paraíso al  otro lado sin una cordial invitación.

Asimismo, no se los puede engañar. El amor y la muerte tienen sus propias reglas y no se rigen por las leyes humanas, sino por las divinas. Yo cometí el error de enamorarme de quien debería curar mis heridas y tuve que abandonarlo cuando más me hacía falta porque mi cuerpo amenazado por una cruel enfermedad del pasado, debía buscar alivio en otras manos donde una sana relación médico-paciente no fuera el blanco de las flechas de Cupido.  Esta es la historia de Fabiola. Mi historia….Para leer más GRATIS descarga en Amazon hasta el 3 de enero del 2016

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