“Ni Una Menos” en Perú. Las Mujeres Defendiendo su Derecho a No Ser Maltratadas

Por: Rodrigo Chillitupa Tantas*

Los últimos años, los jueces han sido muy benevolentes con los agresores de mujeres. Por ello con el marco repleto y colosal que toda gesta nos debe asombrar. Ni Una Menos será una de las marchas en la historia del Perú difícil de olvidar y cuyo objetivo deber ser endurecer más las leyes que castigan a los abusivos.

La agresión por parte de un hombre a una mujer resulta ser la prueba inobjetable de la violencia de géneros que, en reiteradas oportunidades, no se denuncia y, por el contrario, queda impune. A merced de esta situación, “Ni Una Menos”, se ha convertido en el lema de lucha de miles de mujeres para decir: ¡Basta ya! Y que, además, tienen el coraje de salir a las calles, recorrer avenidas, tomar plazas con una sola consigna: ¡tocan a una, tocan a todas!

En este marco social Perú no podía quedar excluido. Más aún si en los últimos años, según estadísticas oficiales, los registros de feminicidios han ido en aumento de una forma alarmante y preocupante. Sin medidas concretas ni reglamentadas por parte de las autoridades. Por ello el sábado 13 de agosto era el día especial. La expectativa con la marcha Ni Una Menos era alta, pues no sólo Lima iba a ser testigo de esta gesta de las mujeres para reclamar justicia. De igual forma, diferentes regiones así como colonias peruanas en el extranjero también iban a ser partícipes de esta lucha simbólica. De la que no debe quedar solo aquí y nada más, sino tenerla siempre presente para defender a una mujer de la violencia.

Todo iniciaba a las 11 de la mañana. El Campo de Marte, lugar que se ubica en el distrito de Jesús María, era el punto de partida. Allí los ocho bloques establecidos según el cronograma tenían que agruparse para iniciar la marcha. Las horas transcurrían ante la aparición del sol, que iluminaba el cielo con un marco florecido y mimetizado. A disposición de la jornada.

A las 3 de la tarde era la hora para la marcha. El recorrido comenzaba con las arengas y las ganas de luchar. En el primer bloque la que comandaba era Lady Guillen, una de las mujeres símbolo de Ni Una Menos, quien con su firmeza y valentía resultaba digno de admirar. Asimismo, esa misma sensación de orgullo y valentía de compromiso yacía en los demás bloques. Se hacían presente instituciones educativas, entidades privadas, instituciones públicas, organizaciones políticas, colectivos ciudadanos. De todo al final por una misma causa. Pero, muy aparte de estos protagonistas, lo que importaba era el universo de personas que participaba. Ancianas, madres, señoritas y niñas caminaban con sus binchas, globos y pancartas para que sean identificadas; para que no se sientan solas ni abandonadas; para que su voz, finalmente, sea escuchada. La esperanza, la rebeldía y la energía por no callar más se mesclaban en las miradas de estas mujeres. Valientes y corajudas frente a la adversidad y desigualdad.

Desde hace mucho tiempo no había tanta gente comprometida con una movilización. Y las avenidas de la ruta de Ni Una Menos fueron testigos de ello. Primero se dirigieron hacia la Plaza Bolognesi, en donde se fueron sumando más personas conforme ese sentimiento de –ven a luchar- se transmitía. La cola humana era enorme y descomunal. El tiempo no importaba ya que el objetivo era que la impunidad no quede asolapada. Qué una vez más no quede manchada. “Pueblo mira como tus mujeres salen a luchar”; “No al machismo”; “Respeta a una mujer, porque tú vienes de ella”; “El quien ama no te maltrata”;  “Quiérete”; “Luchó con valentía y dignidad”; fueron algunas frases en las pancartas y vivas que le ponían un toque diferente. Así llegaban a la avenida Tacna con la felicidad de ir por más. Inclusive los edificios aledaños, como las galerías comerciales, las incentivaban con banners con su apoyo y solidaridad.

La tarde se iba y la marcha Ni Una Menos llegaba hacia la Plaza San Martín. Ese lugar, testigo de demasiadas luchas por la democracia, no se podía quedar atrás. Recorrieron todo el perímetro de la plaza con la misma intensidad a rabiar. Con la energía y el júbilo sin soslayar. La noche ya tomaba por asalto Lima y aún faltaban avenidas por terminar.  Fue así que el recorrido siguió por las avenidas Colmena, Manco Cápac y finalmente Grau. El tramo final se acercaba, y las mujeres hacían sentir sus arengas, pancartas, globos, banners, trajes que reflejaban la violencia contra ellas,  cada vez más. A pesar de que el cansancio apremiaba, siguieron  con esa misma algarabía y euforia sin cesar.

Los alrededores del Palacio de Justicia era la parada final. En ese lugar, que paradójicamente puso un banner para rechazar la desigualdad de género, la justicia no protege a las mujeres. Los últimos años, han sido muy benevolentes los jueces con los agresores de mujeres. Por ello con el marco repleto y colosal que toda gesta nos debe asombrar. Ni Una Menos será una de las marchas en la historia del Perú difícil de olvidar. Frente al tercer poder el Estado peruano se apostaron y comenzaron ese grito a viva voz con: ¡justicia para mi dignidad! Todos querían ser parte de este fin de jornada ciudadana en pos de pedir no más violencia para ellas.

Porque esta movilización nacional trata de que muchas mujeres no sean violentadas, quemadas, torturadas, humilladas. Por el contrario, se trata de darles el mismo espacio que tienen los hombres en la sociedad. En la que todos son iguales y nadie tiene privilegios. El respeto para ellas es la esencia fundamental que se debe regir a partir de esta epopeya ciudadana. Pues sí tocan a una, en verdad tocan a todas.

*Periodista y Analista Político

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