Kuczynski, Presidente Electo de Perú y lo que le Espera Después de la Luna de Miel Electoral.

Por: Bruno Chillitupa Tantas*

Ya transcurrieron dos semanas de los comicios de la segunda vuelta. Y el Perú se ha quedado, nuevamente, como ocurre cada cinco años, dividido. Y esto es debido a la polarización que dejaron las candidaturas de Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski. Más aún sí es que este último logró una victoria muy reñida, que culminó en un conteo voto a voto de una forma dramática. Pero más allá de lo que dejó esa incertidumbre después del 5 de junio, lo que debemos recalcar es cuál será la realidad política del Perú de cara a su Bicentenario en el 2021.

Un contexto que, de por sí, ya está resultando una incógnita, pues un contrapeso político en los poderes del Estado se dará en el siguiente quinquenio gubernamental. Que sí bien, es la primera vez que se da en el Perú, podría resultar algo positivo o negativo para la democracia. Dado que, en los últimos años, la decadencia y falta de estructura de los partidos políticos ha sido una muestra consistente y, hasta casi, cotidiana de desorganización. Si ponemos el caso de los tres último gobiernos de Toledo, García y Humala, es una muestra innegable de esta situación.

En esta línea, el virtual presidente Pedro Pablo Kuczynski deberá hilar fino desde el comienzo partiendo del Ejecutivo para que su gestión se inicie con signos de una gobernabilidad garantizada y no a medias. Tiene que liderar un diálogo con todas las fuerzas políticas de centro, derecha e izquierda una vez que se ponga la banda presidencial pues hay la necesidad de lograr consensos mayoritarios -en medio de un país dividido y con algunos rezagos de odio- para sacar reformas importantes en sectores como salud, educación, seguridad interna y economía.

Inclusive, si Kuczynski no tiene una mayoría congresal con su bisoño partido Peruanos por el Kambio, que para mal, no le va aportar un respaldo fuerte durante su gestión, tendrá que recurrir a sus dotes de estadista con el objetivo de darle estabilidad a su gobierno y, a la vez, no provocar una debilidad permanente en los siguientes años, donde tendrá un congreso de una mayoría opositora. En la que el fujimorismo, bien podría comportarse de forma constructiva u obstruccionista con las iniciativas que impulse de aquí en adelante.

Las actuales circunstancias apremian. El fujimorismo debe formar parte del diálogo. Y eso lo debe entender Keiko Fujimori y Fuerza Popular ya que, ante su negativa para sentarse a dialogar hasta el momento, da la imagen de que no quieren formar parte de la transición democrática del cuarto gobierno consecutivo desde la caída de la dictadura de los 90. En los últimos años, ellos se han mantenido de manera resistente como partido político.

Por lo que su participación es necesaria pero persisten en mantener una actitud egoísta que sólo daña la voluntad de sus votantes que por alguna extraña razón dieron un voto irresponsable a estos políticos. Muchos de ellos, acomodando en cargos públicos de instituciones autónomas a sus aliados, gente poco profesional y carente de ética.

Empezando por ahí, se debería hacer una purga tomando en cuenta el pasado de cada uno de los actuales presidentes de instituciones autónomas y sus asesores que han demostrado una pésima labor por que se hayan hecho los de la vista gorda frente a las reglamentaciones de sus funciones poniendo en tela de juicio su autonomía. Es hora de cortar el hilo de la corrupción en Perú siguiendo la cuerda desde lo más alto hasta llegar al ovillo caiga quien caiga.

Regresando al terreno de las conciliaciones políticas internas, la ex candidata presidencial Verónika Mendoza tiene la oportunidad de demostrar  que es una demócrata y abierta al diálogo, pero sin dar apoyos visibles. Las protestas en las calles contra las acciones del nuevo gobierno, serán parte de su rol fiscalizador en los siguientes años. Eso es indudable. Pero desde el comienzo, su respaldo para que inicie este nuevo gobierno, es urgente.  Mucho más si será la segunda fuerza política dentro del Parlamento.

Por todo esto, de cara al 28 de julio, la nueva relación Gobierno-oposición será una perspectiva a observar de forma detenida.  Pues de aquí se puede vislumbrar si una gestión como la de Pedro Pablo Kuczynski podrá funcionar con un respaldo a medias del país. Un Perú, donde no sólo debe verse la madurez de los electores, quienes van a las urnas cada cinco años, sino de los mismos políticos.

Para que nuestra democracia pueda funcionar en los siguientes años y no tengamos cataclismos por momentos en los siguientes cinco años, como lo hemos vivido con la gestión del presidente Humala, quien ha traído corrupción y una pila de sinvergüenzas a sueldo altísimos. El diálogo y la purga de mafiosos políticos, especialmente de seudo-ascesores debe ser la clave para terminar con la corrupción en el Perú. Si no hay ello, difícilmente, al nuevo gobierno le irá bien. Por lo pronto, ya sabe Pedro Pablo Kuczynski que tendrá que hacer después que termine su luna de miel con el triunfo electoral.

*Periodista y Analista Político

 

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