LaBipolaridad del Atardecer: ¿Cuál es el secreto de un infeliz matrimonio duradero?

Foto: Pexels

Escribe: Saskia Juno

Autora del libro de autoayuda para mujeres de mediana edad: La Bipolaridad del Atardecer.  (Descarga gratis hasta el 9 de junio)

“La infidelidad no se puede perdonar, ni olvidar y tratar de negarla o fingir que no ocurrió es destruirnos lentamente por dentro. Tenemos que reconocer el adulterio cuando nos ataca por primera vez y enfrentarlo con dignidad, preguntándonos: ¿si queremos aceptar continuos episodios de lo mismo o ponerle un merecido final?”

El matrimonio es el último baluarte moral de carácter religioso y civil de nuestra sociedad que hay que proteger mientras quiera ser protegido. Conozco a muchas parejas que haciendo creer a los demás que su relación matrimonial es perfecta, se ayudan asimismo a seguir sosteniéndola a base de una mentira pública.

Al final de todo. ¿Cuál es el secreto de tantos años de infeliz matrimonio duradero para una mujer? El miedo.

Miedo a la soledad, al futuro, a la falta de dinero, a criar solas a  nuestros hijos, al qué dirán, a encontrar otra relación, etc.

El miedo es el motor de la inestabilidad emocional y de la infelicidad prolongada de muchas parejas que prefieren entrar en negación constante antes de enfrentar la realidad de un matrimonio en crisis, al que prefieren arrastrar con los pies como si fuera cadenas de presidiarios, cuando en realidad, se trata de un sacramento divino al que hay que alimentarlo con verdad y no con mentiras.

Por esta razón, más mujeres que hombres se mantienen de pie heroicamente como soldados de Cupido en el sagrado deber de resguardarlo. Pero cada vez tienden a ser menos. Los patriotas también son de carme y huesos; y su coraje se va extinguiendo por falta de incentivos.

Es ahí donde aparece el gran salvador. La negación. Esa resistencia mental que nos convence de lo contrario, cuando la realidad nos hiere a tal punto que no podemos encararla sin caer en la desesperación. Sin querer vamos montando un circo de distracciones y evasiones tratando de evitar un escándalo.

Y un divorcio, créanme, levanta bastante polvo cuando queremos aparentar claridad. Es más fácil ocultar la poca transparencia de un matrimonio en riesgo detrás de un anillo de bodas que ya nos aprieta, antes de tratar de purificarlo a puertas cerradas.

La infidelidad no se puede perdonar, ni olvidar y tratar de negarla o fingir que no ocurrió es destruirnos lentamente por dentro. Tenemos que reconocer el adulterio cuando nos ataca por primera vez y enfrentarlo con dignidad, preguntándonos: ¿si queremos aceptar continuos episodios de lo mismo o ponerle un merecido final?

 El miedo intentará seducirnos tratando de convencernos de que todo está bien, que pronto la sensatez entrará en vigor y lo que ahora amenaza nuestro mundo mágico, se irá para siempre. El miedo es bueno porque nos alerta del peligro pero nunca debemos dejar que gobierne nuestras decisiones.

La negación nos vuelve ciegas de alguna manera, y preferimos culpar a los demás de una realidad que no queremos ver o aceptar, cuando la verdadera amenaza conyugal la ocultamos debajo de nuestras sábanas convirtiéndonos en su cómplice. El honor de una mujer nunca estará más amenazado que por sus propias obras y decisiones.

Aquí les presento dos casos reales que muestran como el temor y la negación convirtieron, de esposas a concubinas, a dos excelentes mujeres protectoras de las infidelidades de sus respectivos consortes.

Vilma se casó con Thomas hace 25 años. Mucho tiempo después, su esposo adquirió un compromiso informal con una mujer más joven con quien tuvo dos hijos, aparte de los que ya tenía con su esposa. Vilma mantiene la esperanza de que él se canse de su amante algún día y regrese con ella porque aún no se han divorciado a pesar del flagrante delito de infidelidad.

Ella se conforma con las nostálgicas visitas de Thomas que los ha llevado a seguir manteniendo relaciones íntimas. Por su parte, él se ha encargado de hacerle creer a su esposa que es una víctima de la otra mujer, con quien vive por su propia voluntad más tiempo que con Vilma. El otro caso es de Silvia. Ella es una mujer de negocios, a pesar de no tener  mucha educación, hace años abrió una pequeña tienda de productos vegetarianos en un local alquilado junto con su hermana, Doris. Después de trabajar más de doce horas diarias durante largo tiempo, logró inaugurar una cadena de restaurantes de comida dietéticas en Nueva York. Se volvió una exitosa mujer de negocios, lo que la hizo más independiente económicamente de su marido pero no lo suficiente como para vivir sin él.

Silvia es una mujer muy atractiva de origen dominicano a quien no le faltan los pretendientes pero ella prefiere seguir casada con Daniel quien gasta buena parte de su tiempo y del dinero de su esposa al lado de sus amantes. Ella se rehúsa a pedirle el divorcio a pesar de las humillaciones porque piensa que es la única manera de que él no se vaya a casar con alguna de sus queridas, y así alejarlo completamente de su vida.

 

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