FUJIMORISMO: EL RETORNO DE UNA DICTADURA A LA DEMOCRACIA PERUANA

Foto: oriente20

Por Bruno Chillitupa Tantas*

Esta columna siempre se ha caracterizado por no estar cargada de apasionamientos, fanatismos y subjetividades al momento de abordar un tema. Inclusive la neutralidad ha sido un sello característico de mi persona. Sin embargo, por esta oportunidad, me quiero tomar una licencia por lo que escribiré en las siguientes líneas sobre una amenaza para la democracia de mi país: el retorno del fujimorismo.

Sí, aquella corriente política que se instauró de manera accidental y sin premeditación en la campaña electoral de 1990. En esa oportunidad, un joven ingeniero llamado Alberto Fujimori logró ganarle la presidencia a un favorito Mario Vargas Llosa. Ese “chino”  -como se hacía conocer popularmente por su ascendencia japonesa- nunca tuvo experiencia política ni tampoco grandes méritos en su vida personal; aglutinó de manera astuta el sentir de las clases populares que pedían a gritos una salvación a la debacle económica y social que dejaba un bisoño Alan García Pérez a finales de su primer gobierno.

A partir de ahí, el régimen de un “NN” Alberto Fujimori de la política peruana, empezó. Los primeros años se manejó por medio de una intensa confrontación con la oposición en el Congreso de ese entonces. Pues, el primer partido fujimorista  -Cambio 90- no tenía mayoría parlamentaria. Además, porque sus integrantes eran personas al igual que su líder, sin ninguna trayectoria en política.  Un ejemplo de lo que digo es que había evangelistas y microempresarios por doquier. Aprendices y advenedizos que querían “participar” del firmamento político.

Sin embargo, dicho panorama no perduraría mucho tiempo. La democracia de esos primeros años de los noventas corría peligro.  Todo se derrumbó cuando el 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori realizó su propio autogolpe de Estado.  En ese entonces cerró el Congreso de la República. Confiscó los medios de comunicación. Tomó las instituciones públicas y privadas. Y secuestró a personajes opositores a su régimen. Por estos hechos, el orden democrático se ¡disolvió! el resto de la década y se estableció una dictadura.  Periodo en el que pudimos ser testigos durante los siguientes años, de cómo Fujimori se apoderó y concentró el poder político del país.

Primero creando una nueva Constitución para reelegirse en 1995 y de ahí perpetuarse en el poder. Luego subyugando a un Congreso para sus intereses malévolos y siniestros, donde se acomodaron leyes con nombre propio. Arrinconando a la oposición a tal punto de desaparecerla para que no pueda realizar una fiscalización de las acciones oscuras que se gestaban en las entrañas del Gobierno. Se estableció un sistema de justicia a su gusto, donde las denuncias por corrupción u otros delitos no eran aceptadas por jueces coimeados por millones de dólares debilitando la independencia de las instituciones públicas con el fin de que la impunidad reine y la ley sea socavada. El negocio del narcotráfico se insertó para convertirnos en un “narco estado”, donde la podredumbre sea parte del sistema.

Se compraron conciencias de personas valientes que no se unían al repertorio corrupto, pero que eran amenazadas por su firme lealtad a sus principios.  Montando campañas de demolición con el dinero del Estado para difamar con injurias y mentiras a sus opositores, que eran perseguidos por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) de Vladimiro Montesinos. Los periodistas fueron amenazados por que luchaban contra su dictadura y denunciaban su corrupción a pesar de las consecuencias inmediatas como el caso de César Hildebrandt.

La execrable cultura chicha se instauró con el objetivo de que las mentes de los peruanos sean tan vulnerables y débiles para ver la verdadera realidad violando los derechos humanos en casos como de La Cantuta, Barrios Altos y las esterilizaciones forzadas a mujeres en la sierra y el no haya una justicia por ello.  Los asesinatos y torturas se hacían de manera clandestina a todo aquel personaje que se revelaba a su poder prostituyendo las Fuerzas Armadas sin escrúpulos, rubor y vergüenza ajena para propalar su maldad desbordada.

Alberto Fujimori, con estas acciones, institucionalizó su dictadura para entornillarse en el poder que, luego, culminó de manera escandalosa. Pero ahora 16 años después se presenta un nuevo panorama nefasto de su retorno. Como se sabe la campaña de esta segunda vuelta entra a su etapa final y decisiva. El próximo domingo 5 de junio elegiremos al nuevo presidente de la República. Según los sondeos, la candidata Keiko Fujimori tiene grandes posibilidades de lograr la victoria a pesar de que cayó el régimen de su padre en medio de la más absoluta corrupción que se haya podido ver en la historia.

La candidatura de Keiko Fujmori es, hoy por hoy, una representación innata de que la dictadura de los noventas sigue viva. Aquella que nunca se disculpó, reflexionó y remedió. A fin de cuentas que jamás desapareció a pesar de su criminal pasado. Ella (Keiko) no ha demostrado ninguna cualidad para que sea la próxima presidenta en los siguientes años. Más aún que nos acercamos a nuestro Bicentenario.

La ex primera dama de la dictadura sigue el ejemplo de su padre. El mismo discurso autoritario, anti democrático, neoliberal y populista. Sin ideas y nada de nuevo para los 30 millones de peruanos que quieren propuestas viables y consistentes. Algo que le falta a la lideresa de Fuerza Popular, aparte de su nula experiencia política.

 Por ello, desde este humilde espacio, hago una defensa a la libertad democrática que puede ser vulnerada con el retorno de la dinastía fujimorista al poder. Un contexto peligroso que podría rememorarnos a la década de los noventa, donde la sociedad peruana fue arruinada y desfalcada por la cultura chicha que instauró Alberto Fujimori. Un contexto que – hasta estos días- no hemos podido recuperarnos, y que tampoco lo haremos si ponemos a partir del 28 de julio en Palacio de Gobierno a Keiko Fujimori y a su mafia criminal.

Nuestro país ha sufrido muchos golpes de Estado. No terminemos de darle la estocada final con el retorno del fujimorismo.

*Periodista y Analista Político Internacional

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