El declive político de Dilma Rousseff en Brasil

Escrito por Bruno Chillitupa Tantas*

Desde hace un par de meses, Brasil atraviesa por una de las peores etapas de su historia republicana. Producto de que el gobierno de Dilma Rousseff enfrenta una severa crisis institucional que no ha podido resolver hasta ahora y que, cada vez más,  se ha ido agravando. Lo último que sucedió fue lo del domingo, cuando la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la apertura de juicio político contra la presidenta brasileña. Y que ahora todo se decidirá en el Senado.

Sin embargo, muy pocos han abordado que el contexto critico que vive Brasil se cimenta en tres ejes muy claros que son el político, económico y moral. Puntos que -lejos de que cada uno se dé por separado- se dan al mismo tiempo. Lo cual resulta muy grave para Rousseff que está al borde del abismo.

Para empezar, Dilma Rousseff  ha tenido –en el terreno político-  el mayor escándalo de corrupción por el caso Petrobras. Hecho que provocó la debilidad de su gobierno. Pues, poco a poco, sus aliados se fueron alejando por los destapes de sobornos millonarios en los que estaban involucrados un centenar de personas. Entre empresarios, funcionarios y políticos del gobierno, quienes ahora purgan prisión.

También está el hecho de que la gestión de Rousseff tiene un Congreso hostil, donde la oposición tiene un poder preponderante y, que, además,  se ha unido para forzar su salida. Sus ex  aliados -como Eduardo Cunha y el actual vicepresidente Michel Temer- se han convertido en sus más duros opositores. Ambos pertenecían a la coalición del Partido de los Trabajadores (PT). Sin embargo, se alejaron por la debilidad del régimen a causa de las denuncias por corrupción.

Por otro lado, Brasil se hunde cada vez más en su economía. La inflación en el país  se eleva a índices alarmantes. Lo cual trae como consecuencias que el desempleo aumente, la deuda pública se eleve y el PBI se encuentre en la peor recesión observada en años, que va camino – incluso-  a ser la peor en los últimos 80 años. Su desplome de 4,5% ha sido contundente que ni siquiera se ha contemplado la posibilidad de mejorar la situación financiera del país.

La población  brasileña –además-  rechaza que su presidenta no tenga gestos de autocrítica.  La poca capacidad y voluntad política de renunciar a su cargo a pesar de que no cuenta con un respaldo popular. La decencia de dimitir por la corrupción en su gestión. Su nulo reconocimiento de sus errores. Y, por último, ser una encubridora de la impunidad en el caso del expresidente Lula Da Silva para evadir a la justicia. Son algunas muestras de ello.

Por estos ejes es que Dilma Rousseff está a punto de ser destituida del cargo e igualar el antecedente del ex presidente Fernando Collor de Mello, que fue destituido por corrupción en 1992. Por lo pronto, las próximas semanas serán decisivas para Brasil. En los primeros días de mayo, el Senado decidirá la suerte de Rousseff.  Lo único que se espera es que la coyuntura del vecino país no sea de incertidumbre cada mes. Ya bastante es el caos que hay en Venezuela.

Analista Político y Periodista

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s