10 de abril: Reflexión de unas Elecciones Democráticas en Perú

Escribe Bruno Chillitupa Tantas*

La campaña electoral llegó a su etapa decisiva para el Perú. El domingo 10 de abril, los peruanos irán a las urnas para elegir al nuevo presidente de la República, renovar el Congreso y  elegir a los nuevos representantes ante el Parlamento Andino.

La reflexión inmediata para esta elección es que -en estos meses- hemos sido testigos de cómo ha cambiado el mapa político de un momento a otro indicando que habrá segunda vuelta.

En noviembre del 2015, las elecciones internas fue el punto de saque para los partidos políticos peruanos. La mayoría debía elegir mediante la competencia interna a sus candidatos presidenciales en elecciones primarias tal como ocurre en estos momentos en Estados Unidos. Sin embargo, ello no ocurrió en la mayoría de las agrupaciones. Los casos de Alan García, Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski, César Acuña, Julio Guzmán y Keiko Fujimori, fueron una muestra  de cómo la democracia interna no existió por ningún lado. Ellos mismos se auto eligigieron y se auto señalaron con el dedo según su grado de influencia.

Contexto contrario se percibió en agrupaciones como el Frente Amplio con Verónika Mendoza y Acción Popular con Alfredo Barnechea. Pues en estos partidos sí hubo comicios, donde se presentaron más de un candidato para ganar la fórmula presidencial. Dando muestra del cumplimiento de lo que exigía la entonces ley electoral.

Luego de estas nominaciones presidenciales, se comenzaron a gestar las típicas alianzas electorales. Vimos como la Alianza Popular se formaba con dos partidos históricos como el Apra y el PPC. Asimismo, la reorganización de todas las izquierdas en torno al Frente Amplio. La Alianza para el Progreso con César Acuña, Humberto Lay y Fernando Andrade. La Alianza Solidaridad Nacional- UPP con el candidato Hernando Guerra García. No obstante, también hubo la decisión de otros partidos -de ir sin pactos políticos- como Peruanos por el Kambio (PPK), Acción Popular, Todos por el Perú, Fuerza Popular y Perú Posible.

Confirmadas ya las alianzas electorales, los primeros recorridos proselitistas fueron el siguiente eslabón en la campaña. Los candidatos calentaban motores para lo que se iba a venir en enero, donde formalmente se inscribirían las planchas presidenciales. Los primeros días del 2016 las autoridades electorales tenían en sus manos los nombres de los candidatos que participarían de la contienda rumbo a Palacio de Gobierno. En esa misma quincena, las encuestas mostraron sus primeros resultados.

Las preferencias de los electores en pleno verano sofocante daban muestra que la lucha por los votos iba a ser dura. Una premonición que ahora se cumple cuando ya se está a  un día de la elección.  En enero, se observó la caída en las encuestas de los candidatos Pedro Pablo Kuczynski y César Acuña. Y, por otro lado,  la aparición de un “outsider” llamado Julio Guzmán. Este personaje subió -en poco tiempo- en las preferencias ciudadanas y, que, fue la sorpresa del fin de ese mes.

Tras la subida inesperada de Julio Guzmán en las diferentes encuestas que daban cuenta -hasta de una posible victoria- sobre Keiko Fujimori, en febrero la campaña se volvió más disputada.  Muestra de ello es que se inició la novela de la exclusión de Guzmán. Las autoridades electorales tuvieron en vilo a una parte de la población que quería saber si seguía o no al ex candidato de Todos por el Perú. Al final fue sacado de la contienda por no cumplir con las normas electorales al igual  que Acuña, quien regaló dinero a pesar de que estaba prohibido.

A partir de las exclusiones de Guzmán y Acuña, la campaña tuvo un viraje diferente que se mostró en marzo. Se despertó la percepción -en la sociedad peruana- que las autoridades electorales demostraban un cierto favoritismo por algunas candidaturas. Por ejemplo, la de Keiko Fujimori, quien se benefició tras la salida de dos fuertes competidores, la de Pedro Pablo Kuczynski, quien incumplió ciertas normas de su partido y la irregular conformación de la Alianza Popular con su candidato Alan García.

Esta situación provocó que muchos sectores de la sociedad peruana manifiesten que existía un fraude electoral, pues la ley no era pareja para todos. Esto hizo que -en muestra de rechazo al favoritismo de las autoridades- la aparición de dos nuevos rostros en la arena política sería lo mejor.  Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea, fueron los candidatos que aglutinaron los votos huérfanos de Guzmán y Acuña logrando que ambos estuvieran en la recta final como los protagonistas inesperados. Incluso, apoyados por el fenómeno anti fujimorista que se ha convertido en un  elemento de la campaña electoral.

En estos últimos días se percibe una polarización electoral que ha dividido a los peruanos. Aún no se sabe quién será el rival en la segunda vuelta de Keiko Fujimori. Si será Pedro Pablo Kuczynski o Verónika Mendoza. Por ello, la elección de este 10 de abril debe ser con un  voto consciente y decisivo. Al Perú le costó 16 años recuperar el orden institucional tras una dictadura.

El Perú no se merece retroceder a la nefasta década de los años noventa, época en que Alberto Fujimori -padre de la candidata Keiko Fujimori- dirigió unos de los episodios más corruptos de la historia peruana seguido de una dictadura desencadenada por unas elecciones fraudulentas que al final lo hicieron abandonar el país y enviar su renuncia vía fax desde el exilio. Veremos que pasa, si Peru regresa a las manos conocida de los Fujimori o a otras nuevas por conocer.

Periodista y Analista Político

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