La Polarización en el Proceso Electoral Peruano. Segunda Parte

Por Bruno Chillitupa Tantas

“No aprendimos las lecciones del pasado”, con esta frase terminó la última entrega de mi columna en la que hablaba acerca de la visible polarización en Perú por la campaña electoral. Proceso que aún tiene varios elementos de suspenso y zozobra por varios motivos. Y en el que el elector resulta ser el más perjudicado, pues la mayoría de ciudadanos aún no decide por quién votar el próximo 10 de abril en las urnas.

Este de clima tan bizarro y con pocas luces para la opinión pública se da por varios motivos que provocaron los mismos entes electorales y la clase política peruana. De parte de los primeros protagonistas – los entes electorales como el Jurado Nacional de Elecciones y el Jurado Electoral Especial – no han cumplido su rol de garantizar unos comicios donde no se tenga ningún tipo de sospecha de fraude o leguleyada de esquina.

Por el contrario, observamos que el Jurado Nacional de Elecciones ejecuta la ley para algunos y para otros no. La rigidez para cumplir la norma es ambigua por parte de este organismo electoral, lo cual provoca en la percepción ciudadana un cierto favoritismo para determinados candidatos. Por ejemplo, en estos días se favoreció a Keiko Fujimori  para que siga en la contienda a pesar de las pruebas contundentes de dadivas dadas por integrantes de su partido. Pero esto es solo una acción de lo que veremos en los próximos días.

Pues, también aparecerán numerosas denuncias de infracción a la ley entre los mismos candidatos presidenciales. Lo cual hace que el contexto que se maneje del proceso resulte muy peligroso. Porque se cree que la elección ya está definida, como también para otros, está viciada por la falta de igualdad de condiciones.

En este caso, la responsabilidad para determinar las decisiones -antes de las actuales elecciones generales- toma parte de las autoridades electorales. A pesar de que se estaba impulsando desde hace varios meses la reforma electoral, no hubo la firmeza y el temple para enfrentarse al sentimiento colectivo que reúne a la clase política peruana, que no quiere un cambio para bien.

Pues ello supondría una mejor predica de hacer docencia política en nuestro país y, además, estaríamos ante la oportunidad de tener buenos representantes en el Congreso, que en los últimos años ha perdido el respeto y reconocimiento de la opinión pública.

Por otro lado, está el segundo protagonista del ambiente incierto que se ve en Perú. La clase política -en general- fue incapaz de  aprobar las reformas electorales necesarias para evitar las irregularidades que vemos día a día. Con denuncias por la vulnerabilidad de la ley, pues la mayoría de políticos siguen recurriendo a la práctica infame de regalar dadivas a la gente más pobre para ganar votos. Asimismo, los gastos millonarios que realizan las agrupaciones políticas y que no dan cuenta de nada, ahí es donde entra el dinero mal habido. La presencia de personajes turbios en las listas congresales, quienes no se saben cuáles son los antecedentes que tienen.  Las infracciones burdas en la que caen los partidos porque ni siquiera son verdaderamente ello.

Todos estos factores se iban a evitar con varios puntos que ofrecía la reforma electoral, y que el Congreso no se encargó de discutirlo a tiempo. Ahora se ven las consecuencias de la poca voluntad de cambiar el sistema democrático del Perú.

Al Perú le costó recuperar y fortalecer su sistema democrático después de estar sujeta a una dictadura como la de Alberto Fujimori, quien vulneró y debilitó los organismos reguladores de las elecciones para reelegirse hasta en  tres oportunidades. Lo que ahora se observa –16 años después-  es el fiel reflejo de que la situación está llegando a un límite, qué no se avanzó nada, que el sistema no ha subsanado los errores del pasado, que los gobiernos democráticos elegidos después de los noventa, no cumplieron con sus objetivos.

En esta situación, la exigencia de cambios en el marco electoral resulta necesaria, pero con un previo acuerdo concreto de los políticos peruanos en general. Si se sigue así, nuestro país será percibido aún como una república bananera, en donde la ley no vale nada y sólo está escrita en el papel que sirve para la foto del momento.

La elección entra a una etapa final y la opinión pública debe tomar conciencia sobre lo que quiere para el Perú en los próximos cinco años. Estamos cerca del bicentenario. Si las autoridades electorales y la clase política no tienen la intención de buscar el bienestar de nuestro país, por qué nosotros no empezamos por hacerlo y dejar de lado la polarización que sólo provoca la división entre peruanos. Es un pedido soñador de todo ciudadano que espera un cambio para esta situación. No por el bien de los políticos, sino por estabilidad del Perú.

 

*Periodista y Analista Político

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