La Polarización en el Proceso Electoral Peruano

Por Bruno Chillitupa*

Una contienda electoral tiende a mostrar varios elementos que no la hacen nada aburrida. Tenemos los clásicos puyazos (ofender) entre los candidatos presidenciales; promesas con bastante carga demagógica y populistas; y denuncias de presuntas irregularidades como -por ejemplo- el no cumplimiento de las leyes electorales. Falsas calumnias para enlodar al rival del frente y que tiene el apoyo de grandes medios de comunicación. Ingredientes que, como sabemos, forman parte de la típica contienda política observada por los electores antes del día central de la elección.

Sin embargo, también se percibe una característica fundamental como es la polarización electoral. Este fenómeno puede girar el destino de un proceso a poco de la realización de los comicios, y que puede resultar muy peligroso para la democracia de un país.

La polarización electoral se da cuando existen diferentes grupos que apoyan a una candidatura específica; realizan una defensa acérrima a pesar de los cuestionamientos contra su líder. Asimismo, los grupos que apuestan por una preferencia electoral se encargan de realizar numerosas propagandas a favor de su agrupación, pues el objetivo es tratar de atraer los votos de indecisos que no saben por quién votar. Por otro lado, también hacen una campaña de demolición feroz contra los demás oponentes de su candidato.

Este contexto se da en Perú a raíz de los últimos acontecimientos de la campaña electoral. Primero con las exclusiones de los candidatos presidenciales Julio Guzmán y César Acuña, quienes representaban a un buen porcentaje de los electores. Después, con la poca rigidez y regulación equitativa de parte del Jurado Nacional de Elecciones para hacer respetar la ley a todos por igual, y se cuestiona una presunta parcialidad con unos candidatos. Luego las masivas marchas contra la candidatura de Keiko Fujimori que, ahora, se realizaran más por el pedido de exclusión que pesa contra ella. Un sector de la población la rechaza por la vinculación con la dictadura de su padre en los 90.

Cabe recordar que en ese año, Mario Vargas Llosa contra Alberto Fujimori que representaban modelos distintos. El primero era de tendencia conservadora y pegado a la derecha. Por otro lado, Fujimori se identificaba con el pueblo, más direccionado a la izquierda. En 2000, el mismo Fujimori contra Alejandro Toledo. Este último se convirtió en el líder de la oposición al régimen fujimorista.

En el año 2,000; Alberto Fujimori se quería reelegir por tercera vez de manera fraudulenta y descarada. Montó campañas de desprestigio contra los opositores de su régimen como lo eran Alejandro Toledo y Alberto Andrade; Incluso, en  el mismo día de los comicios se amañó para el fraude que selló su victoria en complicidad con las autoridades confiscadas como el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Tiempo después, caería todo la estructura del ahora ex presidente por la evidente corrupción que se daba en el gobierno fujimorista. En las elecciones del 2006 y 2011, también existió la polarización en Perú debido a que – en ambas ocasiones- se presentaban dos alternativas diferentes y otras naciones de América Latina.

 

Todo esto ha contribuido a la debilidad del proceso electoral porque -como ya lo habíamos manifestado antes en esta columna- desde el principio no se dieron las reformas necesarias por parte de las autoridades para no convivir con este panorama inestable. Peor aún de parte de la clase política tampoco se hizo el mayor esfuerzo posible y, por el contrario, se siguió en el conformismo. La institucionalidad del sistema político no mejoro y se percibe que será igual en los próximos años.

Por ello, la polarización entre los peruanos es el reflejo nato que se ve ahora y se dará en las próximas semanas. Esta elección muestra que el sistema político peruano esta en picada. No es posible que la polarización entre peruanos se dé tanto a tal punto de llegar al odio. En deslegitimizar el pensamiento de otros grupos sociales. Nos costó 16 años volver a estar ante una elección donde no exista algún tipo de riesgo de vulnerar la voluntad de la democracia, a pesar de ello aún no hemos aprendido de las lecciones del pasado.

*Periodista y analista político

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