El Voto “Rebelde” en América Latina. Caso Perú

Autor: Bruno Chillitupa*

En toda nación siempre va a existir una diversidad de problemas que son percibidas de manera negativa por la ciudadanía; corrupción, déficit económico, populismo gubernamental, desbordamiento del crimen, falta de educación, escasez de empleo, entre otros males.

En respuesta a eso, el “efecto” revolucionario se va formando de manera gradual en la conciencia de cada uno de los ciudadanos; y que busca generar un verdadero cambio social en su realidad. A este fenómeno, históricamente, se le ha llamado rebeldía y que se acentúa más aún en épocas de campaña electoral donde la ciudadanía muestra su disconformidad ante la realidad adversa que observa.

Un ejemplo concreto de este efecto, es lo que se percibe en la situación actual de la campaña presidencial peruana que -en esta oportunidad -está mostrando características no muy diferentes a las que se han observado en el pasado. En primer lugar, según analistas y las empresas encuestadoras, existe un rechazo hacia representantes de conocida y larga trayectoria política por parte del electorado peruano.

Se tiene la percepción colectiva de que los políticos tradicionales peruanos no han contribuido a  mejorar la situación actual del país desde que se recuperó en el año 2000 tras la dictadura de Alberto Fujimori. Una prueba de ello fue un sondeo publicado por la encuestadora GFK, este año, donde se estima que un 50% de los peruanos están insatisfechos con el sistema democrático en Perú. Además, porque existe poco o casi nada de interés por la política ya que se nos ha acostumbrado a las promesas sin cumplir de los candidatos.

En segundo lugar, lo que se percibe es que el elector peruano rebelde está en búsqueda de nuevos rostros que inspiren una renovación con ideas modernas que provoquen el interés colectivo. Los peruanos están hartos de un Estado débil y fácilmente manipulado por los mismos tecnócratas que se reciclan en cada gobierno de turno y que provocan la disfuncionalidad en la que vive el Perú a través de sus instituciones estatales sumergidas en la corrupción e ineficiencia.

Las ambiciosas y ambiguas proyecciones del auge peruano en el exterior y de una sólida economía, en cuestionamiento, no se refleja en el bienestar de la población peruana; sino más bien, están sirviendo a intereses de grandes poderes económicos en detrimento de los peruanos que cada vez están más empobrecidos, no tienen la posibilidad de acceder a  servicios básicos como la salud y educación; los cuales, encima resultan inadmisibles por su mala calidad. Es a partir de ahí que se refuerza la idea de rechazo a los políticos peruanos tradicionales, como la Alianza Peruana Revolucionaria Americana (APRA) por ejemplo.

En este contexto; Alan García en 1985 (APRA) y Alberto Fujimori en 1990 (Cambio 90) representaban alternativas modernas y reveladoras de su época en contra de los tradicionales partidos políticos de antaño como Acción Popular, liderada por Fernando Belaunde Terry. Ellos ganaron las elecciones respectivas en cada uno de sus postulaciones.

En la actualidad, el mismo plato tiende a repetirse con la candidatura de Julio Guzmán, un hombre que apareció prácticamente de la nada, con un discurso populista y que se lo relaciona públicamente con la escandalosa pareja presidencial. Asimismo, con otros postulantes presidenciales como Verónika Mendoza y , quienes están siendo considerados también validas opciones de renovación en la política peruana.

Pero esta situación no sólo se limita al Perú, sino en otras naciones de América Latina. En el año 2005, Bolivia eligió a Evo Morales en rechazo a la clase política tradicional de su país que no había satisfecho las demandas sociales de varias comunidades nativas.

En Venezuela, en el año 1999, Hugo Chávez fue elegido presidente  por que representaba -en esa época- un nuevo modelo político para un país que había estado gobernado históricamente por la derecha. En el caso reciente de Mauricio Macri, elegido por los argentinos que deseaban acabar con los doce años del kirchnerismo en el poder. Rafael Correa en Ecuador también resulta otro ejemplo.

Evidentemente, no hay que negar que en los mencionados ejemplos no hay cuestionamientos, pero de por sí resulta una muestra clara  de hasta dónde puede llegar el descontento de una sociedad. Sólo se espera que, en la coyuntura electoral que se percibe en Perú, se manifieste una decisión madura al momento de elegir al próximo presidente. No por pequeños grupos económicos sino por el bien de la democracia.

*Periodista y analista político

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