Si te asustas, no sigas leyendo, pero ¿te vas a perder de vivir tu propio cuento de Navidad y de ganar tus alas?

Escrito por Rafaél Martínez-Chávez

 Ángeles en SFB – Año 2015

 Hace unos días un familiar empezó a leer los cuentos que vengo escribiendo desde el 2002. Aunque aún no capta bien lo que quiero decir con “ángeles en paracaídas” o “ganar tus alas”, ha quedado muy contenta con esta nueva vena literaria que recién se ha manifestado en forma concreta después de escribir dos libros y de empezar el tercero; con la confianza del escritor consumado, aunque no reconocido. Eso no importa. Sin embargo, regresando a los cuentos que vienen desde el 2002 y que gozan de su propio escenario, mi pariente me ha preguntado acerca del cuento para este año.

Realmente me ha puesto en dificultades. Yo, para ganar tiempo y notando en ella cierto respeto mundano en sumergirse de cabeza a esta nueva aventura, le he propuesto me dé pie para empezar. Alguna pregunta no respondida en su vida o algún sueño que requiera cierto consejo. Es decir, algo que la vida aún no le haya resuelto y que quisiera ver reflejado en un producto de mi imaginación y de la habilidad de mi pluma. Es decir, se trataría de un nuevo cuento para este año. Hice mal porque aún no me responde. Entonces, debido a que estamos casi en la víspera de la Navidad (08.12), allá voy.

El mensaje

Este año será la suma de dos cosas muy importantes. “El hijo pródigo y la oveja pérdida”.

He estado observando de cerca el trabajo de nuestro Santo Padre Francisco I y la reticencia de sus prelados más cercanos, que no entienden que la Iglesia debe renovarse porque su doctrina medieval, no se ajusta a los tiempos tan complicados en que vivimos. Actualmente hay una gran labor pendiente en la Iglesia Católica para aceptar y asumir que nuestros hermanos divorciados y gays merecen una oportunidad de ser reconocidos como parte de la Iglesia.

A pesar que Dios no excluye a nadie, este asunto es muy delicado por el rechazo de aquellos que justifican la exclusión de aquellos que no se ajustan a los dogmas. Aquí viene la explicación. No me sorprendería que me intenten excomulgar.

En la parábola del Hijo Pródigo, el infractor acepta que se equivocó y que es mejor regresar a la protección y cariño del padre que no permitirá que su hijo sufra a pesar de los errores cometidos. De la misma manera, los divorciados, separados y la comunidad gay vienen reclamando que se les permita regresar a la protección de la Iglesia. Ellos han cumplido con esta primera parte al aceptar que es mejor regresar a casa. Ya hicieron lo correcto y esperan una respuesta.

Regresando a la historia del hijo pródigo, éste se encuentra con el hermano fariseo-conservador (encarnado en algunos prelados del Vaticano) que condena los pecados cometidos por su hermano, que reclama al padre un mejor lugar para él por haber permanecido fiel y se resiste a compartir su podio preferencial con aquel que no cumplió con las enseñanzas.

Esto es un conflicto que se mantiene encubierto en muchos sectores de la Iglesia Católica de todo el mundo, y la Iglesia en mi país no es la excepción. Gente que no conoce a Dios, fustiga sin misericordia a los hijos de Dios que se han “equivocado”, o que muchas veces no comprenden la naturaleza Divina para disfrutar de la vida dentro de los designios de la Iglesia. En muchos casos nadie puede ser culpable pero se les trata con indiferencia y su exclusión es evidente, allí en donde todos deberíamos ser iguales a los ojos de Dios. Si eres conservador, lánzame una piedra o lo que tengas más cerca de tu mano que pueda dolerme; yo lo entiendo.

Nuestro Papa Francisco I debe resolver con sapiencia este tema pendiente para que se suprima de inmediato cualquier palabra y acto discriminatorio en contra de los hermanos “pródigos” que quieren regresar al camino de Dios y buscan una redención para lo que deberán someterse a una férrea disciplina en el cumplimiento de lo dispuesto por el Papa.

¿Y en donde entra la oveja perdida? Jesús describe a un pastor amoroso, responsable de cada una de sus ovejas que parecieran tener el inconsciente mal hábito de perderse. Así como la parábola del hijo pródigo; muchas veces, nosotros extraviamos nuestro camino y no estamos conscientes de lo que estamos perdiendo al separarnos de Dios.

Por favor, entiende que todos poseemos una contradictoria inclinación hacia el mal, así como también cierta responsabilidad moral. Del resultado de escoger libremente, nos quejamos porque hicimos mal en alguna medida. No somos capaces de escoger el bien o buscar el bien absoluto, porque no nos gusta. Nadie se encuentra justificado. Bueno, ni uno solo. Pero atacamos al que es visiblemente pecador. Puedo seguir pero se me acabaría la hoja sin decirte nada nuevo. Entonces viene el amor del Pastor, en dar la vida por sus ovejas. Él no mira el error o la pérdida, y sus ovejas reconocen su voz.

“¿Tú, Teófilo, que amas a Dios, reconoces la voz del Pastor que ama a sus ovejas perdidas, al sentir el rechazo del asalariado?” Dudo que encuentres la paz con todas estas críticas a muchos cristianos rechazados y olvidados. Esclavos ya no del pecado, sino del rechazo de otros pecadores discretos, pero iguales.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. I Cor 6; 9-10

Dime que no adoras el dinero ni los lujos. Dime que no mientes, que no eres borracho, que no estafas a nadie o que nunca has robado. Dime que no fornicas o que no hablas mal de los demás; que no eres chismoso ni calumniador. ¡Estamos todos en el mismo costal, por Dios! Entonces ¡cómo puedes amar a Dios a quien no ves, si no amas a tu prójimo a quien ves! Éste es el problema.

Perdona mi ignorancia, pero lo veo así. La confesión imperfecta es cuando uno se arrepiente de haber hecho el mal a sus semejantes. La confesión perfecta es cuando uno es consciente que ha pecado en contra de Dios. El prójimo pasa a un segundo plano. Ahora, yo creo y respeto los dogmas, pilares de nuestra doctrina cristiana, pero estoy convencido que El Buen Pastor no dudará en alejarse de su seguridad doctrinal fundada en los dogmas, para redimir a su oveja perdida. La salvación es más importante que cualquier cosa, incluso de las profecías. Sino pregúntenle a Jonás (¡otra vez…!). Dios ama a todos los hombres y punto. No le interesa que sea un pueblo pagano y definitivamente malo. ¿Cuán feliz se encontrará al recibir a su Hijo pidiendo abrigo? Espero que te haya gustado, que esta vez sí ganes tus alas y vivas un cuento de Navidad de por vida. ¡¡Feliz Navidad!!

Ezequiel.

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