“A la memoria de “kiss”.

Autor: Christian Becerra*

Autor: Christian Becerra*

Apareció Mañuco, con la vieja perra  negra. El taller de mi padre, era el punto de llegada de todo tipo de mascotas sanas o con enfermedades. En esa oportunidad, nació la idea de buscar perros con carácter de urgencia. Acabábamos de pasar una desgracia,  se robaron muchas cosas y dieron muerte a los perros que eran los únicos responsables, ya que el tipo que cobraba por la guardianía nos sacaba siempre la vuelta. En eso tiempos no tenía voz ni voto en cosas de mayores, pero escuchaba a mi padre, los preocupados comentarios del robo y la necesidad de buscar de nuevo un par de perros. Esto fue motivo para que saliesen en busca de estos mamíferos incorruptibles, ni sobornables.

Llegó Mañuco con la perra, a la cual, en un abrir y cerrar de ojos, le puso de nombre “yeya”. La perra, según Mañuco fue encontrada deambulando por inmediaciones de la Antena, acompañada de su  amiga, la vieja “mirella”, esta ultima de propiedad de Mañuco que la puso a disposición del taller.

“Mirella” era una perra chata amarillenta pero ágil, subía entre la chatarra al techo, confundiéndose como gato. Con plenos conocimientos de  espulgar a su gran amiga la negra “yeya”. Esta negra, ni bien llegó comenzó a llamar la atención del viejo perro de a lado, propiedad de don Telmo, administrador de “cementos Pacasmayo”. Un perro grande pero chusco llamado “Lobo” el cual no dudaron en procrearse y tener una digna descendencia, al cual compartimos con Don Telmo la gran producción de perros y para terminar con lo ancestral, nació un perro que yo, elegí para mi casa, al que mis familiares tuvieron como gentileza bautizarlo con el nombre de “Kiss”.

Corría el año 1984; “kiss” inquieto y juguetón, comenzó a sacar de quicio y romper los maceteros de mi casa, y mi madre, tomó la decisión de botar al perro a la calle. Logré ponerme mi traje de orador y defendí al perro como un perfecto abogado, lo que el perro observó mi intervención y juró en su sistema, lealtad conmigo y mi familia. Entonces mi padre con don de mando dijo: “el perro se va al techo”

Pero el problema era que el techo de la casa era de calaminas a dos aguas que, al principio me imaginé que “kiss”, no se iba a acostumbrar, pero pasó más de 7 años , en tal desnivelado y accidentado techo. Cuando se tomó la decisión de bajar al perro, no fue por el noble corazón de mi madre, sino por el gasto que ocasionó el perro al romper una calamina con su propio peso. El perro estaba hecho un toro y estremecida la casa, como si fuera un gigante. Cuando tomaron la decisión de bajar a “kiss” el perro no mantenía equilibrio social, ni mucho menos al caminar demoró un buen tiempo acostumbrarse al piso liso y llano.

El perro se hizo inteligente entre nosotros y entendía la situación temperamental de cada uno.

Tenía la costumbre de ladrar, cuando era prudente, conocía de modales. Estoy seguro que, si lo sentaban a la mesa comía mejor que yo. “kiss” fue un perro ligeramente alto y en muchas oportunidades sacaba de quicio a los vecinos que no eran de su simpatía. Para evitar los problemas decidimos subirlo al techo posterior de la casa, era un perfecto trapecista. En una oportunidad el perro por dar una maroma de altura cayó al poso del vecino desde una altura  de seis metros. Tuve la gentileza de usar una escalera para bajar a rescatar a “kiss” y demostrando una vez más lealtad al mejor amigo hombre.

“Kiss” fue testigo de todas las discusiones políticas y familiares con la seriedad que lo caracterizaba de ser un perro que no le gustaban los chismes y con el perdón de los perros, “kiss” era un perro capaz de dar consejos en lo que era el campo de la mímica.

En muchas ocasiones, el orgullo de mi padre era al decir: “si quieren saber el carácter que tengo, pregunten al perro”.

“Kiss”, estaba con nosotros en la sala, pero con un oído espectacular de captar a mi padre, desde la esquina, por el simple ruido de su vieja camioneta. Era la salida oportuna de salir al callejón, para evitar el ocasional encuentro con mi padre, su eterno enemigo, pero las ocasiones que perdía el miedo a mi padre, era al escuchar los fuertes cuetes de las fiestas navideñas o de San Pedrito.

El perro ingresaba rompiendo el respeto a mi padre y tomaba posición de cualquier cama que este a su alcance, sin importarle la gran paliza que él ya veía llegar. “Kiss” era campeón en limpieza y seguridad. Siempre nos garantizó una vida segura. Ciertas veces, mi padre llegaba los viernes criollos en estado alegre.

Bajaba del coche, para poder abrir la puerta del garaje. “Kiss”, en muchas oportunidades hizo correr a tipos de mal vivir que buscaban propinas de los bolsillos de mi padre.

Pero con “kiss” no pasaba nada era tan seguro en su defensa como las piernas de Héctor Chumpitaz, en la defensa de la selección peruana o al ritmo del “watchiman Pacheco” que no aguantaba a nadie ni un solo keko. Nunca supimos el problema tuvo con mi desaparecido tío “Pepito” ambos fallecieron y nunca llegaron a la amistad ni a la concordia, nunca pudimos meternos, era un lío entre ellos. Kiss astutamente al ver llegar a mi tío Pepito calculaba distancia y empujaba el pesado ladrillo que fijaba la puerta y cerraba la puerta prácticamente en sus narices.

El gran mamífero era un caso especial, era tan especial que daba la gran alucinación de ver al perro, ingresar ligeramente su cuerpo para poder ver el reloj de pared, dando como coincidencia a las 2 de la tarde.

Tenía la mala o de repente la buena costumbre de orinar las cuatro llantas de los automóviles que llegaban a mi casa, dosificaba elegantemente el chorro, que no fallaba el cálculo de dar en forma pareja el duchazo respectivo a cada neumático. La verdad, nunca llegó a mi casa un tráiler de ocho patas, porque esto sí que sería un gran problema para el gran “kiss”.

“Kiss”, fue un gran amigo. En muchas oportunidades lo salve por lo fregado que era, muchos querían pasarlo a mejor vida, donde yo corría a los curiosos para poder estabilizarlo. Fue testigo que me porte bien en muchas ocasiones salvándolo de grandes piedras que se ganaba de la gente  por antipático con intenciones de darle su fuerte y ligero golpesito en la cabeza, al que yo salía a enfrentarme a quien encontraba en líos con mi gran amigo “kiss”.

A veces se descuidaba y se quedaba dormido en la calle, y yo pasaba la noche en vela por el insomnio y el miedo de que la gente se desquite por lo fregado que era.

Nos dimos cuenta que le gustaba la buena música, porque al escuchar la aceptaba bailando al son de la marinera “La Concheperla”.

En estos momentos recuerdo con claridad, la sonrisa que tenía, de ser un simple perro, pasó a ser parte de la familia. Nos dimos cuenta de su alegría, su risa y en varias ocasiones, lo vi derramar lágrimas, era un tipo tan especial que guardaba la amargura de un niño molesto a quien había que cumplir con sus propios caprichos.

La mala suerte, llego a las 7.45 de la noche. Yo, me encontraba en el jirón Casma y Pardo, cuando se sentía la fuerte descarga eléctrica que por el zumbido electrizante, me di cuenta que era por mi casa, corrí a ver la desgracia que ocurría y me enteré que fue un cable de alta tensión que cayó al piso e hizo corto circuito a tierra y propinó un fogoso choque de chispas que demoró en lograr su propia descarga eléctrica. La carga positiva no podía descargar sobre la negativa, y que gracias a este perro que corrió a ladrar, las fuertes chispas fue atraído por la energía de alta tensión e hizo su descarga sobre el cuerpo del gran “kiss” carbonizando al animal que, para muchos fue una bendición de Dios que sacrificó su vida, canjeando a la de alguna persona que pasaban por ahí. La energía eléctrica, como si fuera un fuerte imán, atrajo a “kiss” de una distancia de 3 metros.

Mi hermanita Carmen pagó el precio del dolor por la pérdida de “Kiss”, quien para todos nosotros y algunos vecinos, fue un ángel que se posesionó en el cuerpo del perrito, para poder salvar a tanta gente de esta descarga eléctrica de alta tensión.

“Kiss”, vivió muchos años, entre nosotros, alrededor de 14 años. Parece que nació para esta fecha tan desgraciada que se fue cumpliendo con lo que tenía que hacer para suerte de nosotros. “Kiss” nos salvó de una buena, mi padre y mi familia, tomaron la decisión de enterrar a este gran señor, como se lo merecía y que hoy en día se encuentra sepultado frente a nuestra casa, en la Av. San Pedro 292,en Miramar Bajo.

*Escritor peruano.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s