Novela de Superación para las Mujeres que Creen Haber Cumplido con su Deber: “La Bipolaridad del Atardecer”.

Gabriel García Márquez escribió que las mujeres felices nos “suicidamos” a las seis de la tarde. He cumplido 50 años y ahora sé lo que su autor quería decir con esta frase. Es verdad me voy a “suicidar” pero no me voy a quitar la vida, al contrario, he elegido renacer sin necesidad de morir. Estas es mi historia.

Escrito por Saskia F. Juno (saskiafjuno@gmail.com)

El Enamoramiento Más Allá de la Mediana Edad 

“Puedes empezar a escribir tu propio cuento de hadas con una soberbia prosa usando pluma de oro y rosada tinta, y terminar al atardecer escribiendo la historia más triste y miserable de tu vida con tu propia sangre. No se puede subestimar el corazón de una mujer en una hermosa caída del sol; cuando la belleza física parece abandonarla es porque la sensualidad espiritual está empezando a ocupar su lugar”.

Introducción

Te miras en un espejo, y no te reconoces. Te preguntas, más sorprendida que espantada ¿Cómo puede haber pasado tanto tiempo y no darte cuenta de que algún día tu juventud te abandonaría cuando te hizo creer que sería para siempre? Recién caes en cuenta que ha descuidado tu belleza, te aparecieron arrugas, has subido demasiado de peso, y que sólo ha sido un “instrumento” que satisface  las necesidades de los demás, pero nadie atiende las tuyas.

Haz cumplido con tu deber de ama de casa, esposa y madre pero nadie te agradece; al menos de la forma que tú esperas. Pero es que no pueden.  No los puedes culpar y tienes que fingir verlos felices y satisfechos partir tomando rumbos distintos al tuyo. Entonces un repentino sentimiento de frustración y amargura te va invadiendo. Te sientes sola, enojada, y sobre todo muy temerosa de enfrentar la vida sola o quizá acompañada de alguien que más que tu compañero se ha convertido en una carga difícil de soltar pero fácil de ignorar.

Si te sientes así en este momento, no pienses que tu vida se acabó antes de que haya terminado la noche. Estas sufriendo las consecuencias de una persona que está cambiando de piel y de puntos de vistas. Estas entrando un poco más allá de la mediana edad, y sientes que es el momento crucial de decidir un nuevo rumbo de tu vida. En retomar las oportunidades fallidas de la juventud pero con más destreza. Ahora quieres jugar a ganar. En transfórmate en una mujer que quiere sentir que está viva y orgullosa de sí misma antes de guardarse para siempre en sus cuarteles de invierno, sintiendo que lo mereces, y no porque la han desterrado por ser un ser inútil.

Parte 1.-

La Señorita  Marina

Me alegro de no ser tan joven. Me rio del pasado que me hizo sufrir y pagar caro mi cándida inexperiencia en las peligrosas arenas del amor y a veces arriesgando mi vida en manos ajenas y también en las mías propias. A veces creemos que vamos a sucumbir frente a un sentimiento que no tiene explicación ni buen asidero de donde sujetarse, pero que sentimos que lo necesitamos para respirar sabiendo que nos está asfixiando. Pero eso es parte de la vida, es la escuela a la que debemos asistir, si queremos sentirnos vivas y amadas. Así no seamos correspondidas en la misma intensidad.

-“Aprender nunca fue gratis”, me dijo alguna vez, Marina, una amiga soltera bastante mayor que yo y que trabajaba conmigo en una tienda por departamentos en Miami hace muchos años cuando yo prácticamente todavía era una niña sin experiencia con hombres, es decir, “virgen”. Ella ya había cruzado la barrera de los sesenta años tranquilamente y yo tenía veintiún años.

-“Dios no me dio hijos pero el diablo me dio sobrinos que cuidar”, palabras textuales de ella. En abierta protesta al destino por haber dejado huérfanos a unos niños después que su hermano y su esposa murieron en un accidente. Yo no sé si eso fue el motivo para que Marina desechara cualquier esperanza de formar su propio hogar con el hombre de su vida partieron de cero, para encargarse de sus sobrinos que no tenían más familia que a ella. Lo cierto es que nunca se casó, y nunca la vi infeliz por ello. Ella hizo la elección que creyó correcta.

Cuanto he vivido desde que esas palabras llenas de sabiduría con sus “chispitas” de amargura salieron de sus labios pequeños y arrugados, quizá hoy, no serán más que un poco de polvo oscuro dentro de un ataúd bajo tierra, pero que en algún momento se abrieron para darme la lección más valiosa de mi vida. Cuanto he sufrido tratando de descifrar este acertijo y después que obtuve la respuesta, cuanto he aprendido. Tenía mucha razón, Marina. Una mujer maravillosa, sencilla y de buen carácter quien escondía en su corazón tanta frustración encubierta con una gruesa capa de bondad, y que además le servía para sepultar el misterio de su soltería. Su figura extremadamente delgada, de piel clara de textura aterciopelada, y de frágil caminar llevaban como corona una pequeña cabecita de cabellos canos y ojos rasgado color almendra siempre iluminados por la luz de su alma, y claro por los inmensos reflectores de la tienda. Su presencia me hacían imaginar en su glorioso pasado desbordante de belleza y picardía que solo podía comparar con el recuerdo de una princesa tailandesa que conocí mientras visitaba como turista ese país asiático varios años después. Así era Marina.

Con ella aprendí que solo así se aprende a ser mejores humanos sacando provecho de las lecciones que pagamos, a veces con altos intereses a un usurero banco de la “vida”. De nada vale rehusarse y lamentarse del alto costo. Perdemos toda oportunidad de ser felices si decidimos andar con la venda en los ojos y las manos tapándonos los oídos en una actitud de negación eterna, como única forma de sobrevivir asumiendo un papel de víctimas. Cuando nuestro verdugo somos nosotros mismos. Las consecuencias de la inexperiencia son monedas que se exige a cambio del aprendizaje para volvernos expertos en sortear obstáculos que nunca van a faltar en la construcción de nuestro propio camino.  Nadie más lo hará por nosotros.

Por esta razón pienso que no hay que tener miedo a las experiencias. Y desde mi punto de vista aunque algunas no son agradables, son enriquecedoras de todas aprendemos algo, así nos deje una huella incurable en el corazón, y que el tiempo no sea lo suficientemente largo como para que se cierre de todo. El precio a pagar dependerá de cuan precavida o distraída pueda ser una persona para saber si las clases, le saldrán muy costosa o si tiene que repetirlas cuantas veces sea necesario hasta aprender. Lo que si es cierto. Nadie se escapa sin pagar. Esa es la más importante de todas las lecciones. No pienses que tus acciones no tendrán premio o consecuencias.

(Libro Publicado Por Episodios. Prohibido su reproducción sin autorización de la edición de ellatinoAmericano.org)

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