¿Qué pasa con mi tiroides? Cuando el “caos” en el cuerpo causa dolor.

Durante más de dos años, Érica se estuvo quejando de dolor de garganta. La primera vez que decidió acudir al médico, no sabía cómo explicarle que era un dolor que nunca cesaba, a veces bajaba de intensidad pero nunca la abandonaba. Ella creía que era el ventilador y el aire acondicionado que a toda hora le soplaba y le enfriaba la cabeza. Un mal necesario, si se tiene en cuenta que sin ellos, no se podría sobrevivir un verano en el sur de la Florida donde la temperatura tranquilamente puede sobre pasar los 95 grados F.

Después de revisarle las amígdalas y la gárgara, le prescribió antibióticos para combatir una posible infección, algo para el dolor y unas gotas para los oídos ya que el izquierdo presentaba excesivo irritabilidad. Pasaron unos meses, todo parecía volver a la normalidad, y otra vez aquel dolor que ya se había hecho una amenaza eminente para su tranquilidad reapareció. Casi no podía tragar saliva. Nuevamente acudió a un nuevo doctor. Este no le dio los antibióticos que en la primera ocasión le ayudaron a aliviar el dolor y la infección. El Dr Chinea, le dijo después de revisarle la garganta y el oído, “no veo infección”, y la derivó al especialista en nariz, oído y garganta. Para hacerlo más corto: un otorrinolaringólogo.

Acudió a su cita médica con la certeza que este especialista acabaría con su pesadilla, pero no fue así, después de mandarla a sacar un IMR y una tomografía (SCAN), no obtuvieron respuesta alguna. Incluso este especialista le dijo que de repente había que extraerle las amígdalas. Érica estaba dispuesta a todo con tal de acabar con ese dolor que parecía que día a día aumentaba más. Después de coronar sus esperanzas con una laringoscopia, los resultados estaban listos. NADA. No le encontraron nada anormal.  Pero ese diagnóstico no ayudaba a que el dolor se fuera.

Después de chequear todos los exámenes que le hicieron a Érica y de sentir lastima por ella, decidió hacerle un simple ultrasonido en la tiroides y recomendarle hacer gárgaras con agua tibia y sal. Todo lo demás no había funcionado para calmar su dolor.

Los resultados estaban listos hacer chequeados por el doctor, y sorpresa! Érica tenía una anormalidad en su tiroides, nódulos que crecían rápidamente a ambos lados de su tiroides y los culpables de su dolor que parecía eterno. Había un riesgo que enfrentar. Podían ser cancerígenos. Había que extraerlos de todas maneras. Pero antes de la cirugía, su nuevo especialista tenía que ser un cirujano oncólogo general. Hasta ese momento, Érica estaba convencida de que estaba preparada a enfrentar lo peor. Cáncer de tiroides.

Nuevamente se sometió a varios chequeos, pero esta vez, no eran a ciegas como los anteriores. Una biopsia arrojó esperanzas alentadoras. La masa que crecía a los lados de su tiroides no era cancerígena. Inmediatamente, le tuvieron que extirpar toda su tiroides completamente en una cirugía con anestesia general, y sustituirla por pastillas que deberá tomarlas durante toda su vida, una vez al día por las mañanas y con mucha agua.

El cambio fue grande. Tardó casi 6 meses en recuperar la voz y más de un año a que todo el dolor desaparezca. Pero las consecuencias de vivir sin la principal glándula del sistema endocrino que ayuda a su cuerpo a regular su metabolismo le ha dejado muchas secuelas que ninguna pastilla podrá reemplazar. Pero con todo, su vida volvió a la normalidad.  Ahora, sus uñas no se quiebran tan fácilmente, no se siente tan irritada y esa falta de memoria, que la ponían al borde del estrés, continuamente ha ido mejorado. Sus ataques de ansiedad han disminuido casi en su totalidad.

Cuánto daño emocional puede causar una anormalidad en el funcionamiento de la tiroides en una mujer joven como Érica, y que difícil es que un médico pueda detectar a tiempo la verdadera causa con unos síntomas que comúnmente pueden ser asociados con otras enfermedades que nada tiene que ver con la tiroides. Si sospecha algo, pídale a su doctor que le incluya en los análisis de sangre, como parte de rutina, la prueba TSH (Hormona Estimulante de la Tiroides). Al menos así podrá descartar cualquier anormalidad o cáncer con su tiroides que puede afectar  su sistema inmunológico y su tranquila.

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