El Dilema de Usar Mascara o Lápiz de Labios

Estoy viviendo una cruda realidad de pandemia virulenta que se ha desatado en todo el mundo. Y en Miami, ni siquiera el abrazador sol podría cocinarla.

¡Ay caray! Perdón ¿Dónde he dejado mis buenos modales? Déjeme presentarme. Soy Yaniris, Yan por papá e Iris por mamá, mejor conocida como La Señorita Caratrucha. Nací en la isla paradisiaca de Cuba, rodeada por el océano atlántico y, que paradójicamente sólo tiene 10 millas de territorio marino. Así es la vida, contraria a lo lógico.

A ver si adivinan que edad tengo. Estoy en el punto medio entre mi adolescencia madura y el principio de mi adultez temprana; donde las arrugas atrevidas se alistan a florecen tímidamente, sin que nadie las haya sembrado. A esta edad el maquillaje lo es todo. ¡Qué ironía!

Y hoy quiero compartir mi calamitosa historia viviendo sin “maquillaje”. He sido vejada por el COVID 19 en uno de mis lados más sensibles; la belleza.

De todo este rollo que vivimos en estos difíciles tiempos de tinte casi apocalíptica, he podido sacar al menos un beneficio; los precios de mis favoritas marcas de cosméticos se han disparado con dirección al suelo. Ahora es el momento de abastecer tu dispensario de belleza.

¿Pero todo eso de qué me sirve? Comprar un lápiz labial de cinco estrellas para que quede sepultado bajo una máscara de cirujano de una estrella. No es justo.

Frente al espejo me miro mi cara pálida cara recién lavada, y me pregunto concienzudamente, “usar o no usar mascara”.  Ese es mi dilema. Una contradicción en donde estoy en el medio, y en la que tengo que elegir entre mi belleza o mi salud.

La idea de que no estoy sola en el mundo y que otras divas como yo, se preguntan lo mismo, me hace más llevadero mi “dolor” y como decía mi abuelita, Que Dios le Tenga en su Gloria, “mal de muchos, consuelo de tonto.

Pienso que, de muchos tontos, al menos uno de ellos debe sobresalir”; con toda humildad esa soy yo.

Pero, aunque el glamuroso mundo de la belleza escondida me dé la razón, aún me siento mancillada por el paso lento y torturante del COVID 19. Estoy a punto de volverme loca con todo este enmarañamiento la Madre Naturaleza sostiene sus “azotes” y yo defiendo mi arsenal de cosméticos.