La nueva cara del conflicto en Colombia

El espiral de violencia que viene azotando a Colombia con las masacres a dos decenas de jóvenes en los últimos 30 días en diversas regiones del país, aún no encuentra una respuesta eficaz del Gobierno de Iván Duque que, según las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de enero a agosto, se han registrado 33 masacres que nos recuerda los fatídicos años del conflicto armado de las décadas de los 80 y 90.

Según el gobierno, los autores de estos asesinatos colectivos son los grupos armados ilegales del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y del llamado Clan del Golfo, que se disputan tener el control territorial de los cultivos de coca. Si es así, lamentablemente el gobierno colombiano ha permitido que grupos como la guerrilla del Eln y la banda criminal Clan del Golfo se fortalezcan ocupando regiones dejaron las FARC luego de formarse la paz.

Pero, muchos analistas señalan que han surgido otro tipo de actores armados con diferentes métodos de violencia por lo que es importante analizar que el conflicto en Colombia tiene una “nueva cara” que, precisamente, es la clave para implementar una respuesta gubernamental más contundente ante las masacres. Hay que entender que si antes habían organizaciones nacionales con mando y cohesión, hoy existen múltiples organizaciones con influencia local y sin ideología política.

El Gobierno de Iván Duque insiste en la tesis que el origen es por el narcotráfico, pero si bien el negocio de la coca tiene peso no se logra explicar todas las masacres. Por ejemplo, de cinco jóvenes en Arauca, donde no se cultiva cocaína y que todo indica que fue una sanción social por parte de disidencias. Tampoco lo sucedido en Cali donde fueron asesinados cinco jóvenes en un campo de caña y que, según la Fiscalía, no tuvo vinculación a grupos armados.

La situación es grave que no se resuelve enviando tropas militares a las regiones afectadas por este tipo de violencia, sino que se necesita un plan integral en estos lugares donde no hay institucionalidad. El presidente Duque debe dejar de culpar a su antecesor, Juan Manuel Santos, y no involucrarse tanto en la defensa de su mentor, Álvaro Uribe, hoy con arresto domiciliario, pues es el momento que debe establecer prioridades como presidente de todos los colombianos y ejecutar la estrategia de seguridad para poner freno a las masacres.

Fuente:

www.elespectador.com

www.elpais.com

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